Y tan popular,esta canción nació en las trincheras cantada por los milicanos republicanos y antifascistas mientras les combatían contra la represión más brutal sufrida nunca por el pueblo llano español y que se dio en llamar:GUERRA CIVIL.
Fue rescatada PARA EL GRAN PÚBLICO por el mártir del pueblo grandísimo poeta cantor folclorista y comunista chileno VICTOR JARA,y yo con las fuerzas que me quedan os la traigo a quien SE ASOME AQUÍ y la lea,allá va.
La hierba de los caminos
la pisan los caminantes
y la mujer del obrero
la pisan cuatro tunantes
de esos que tienen dinero.
Los señores de la mina
se han comprado una romana
para pesar los dineros
que toditas las semanas
le roban al pobre obrero.
Qué culpa tiene el tomate
si está tranquilo en la mata
y llega un hijo de puta
que lo mete en una lata
y lo manda pa Caracas.
Cuándo querrá el dios del cielo
que la tortilla se vuelva
que la tortilla se vuelva
y los pobres coman pan
y los ricos mierda mierda.
DESDEÑO LAS ROMANZAS DE LOS TENORES HUECOS Y EL CORO DE LOS GRILLOS QUE CANTAN A LA LUNA,A DISTINGUIR ME PARO LAS VOCES DE LOS ECOS Y ESCUCHO SOLAMENTE ENTRE LAS VOCES UNA, "CONVERSO CON EL HOMBRE QUE SIEMPRE VA CONMIGO".QUIEN HABLA SÓLO ESPERA HABLAR CON DIOS UN DÍA.(A.M.)
16/6/10
COMERCIO HONESTO,-Ontologia del intercambio y el beneficio.
Cuentan los cartagineses que en África,más allá de las columnas de Hércules,existe una región habitada.Cuando llegan allí con sus barcos,descargan sus mercancías y las extienden en una colina cerca de la playa.Luego retornan a sus embarcaciones y producen humo.En cuanto los indígenas distinguen el humo,acuden a la playa,depositan oro al lado de las mercancías y se retiran.En seguida,los cartagineses vuelven a tierra a mirar.Si consideran el oro proporcionado al valor de las mercancías ,lo recojen y levan anclas;en caso contrario vuelven a sus barcos y esperan tranquilamente.Entonces los nativos se acercan y de nuevo y agregan más oro,hasta darse por satisfechos los cartagineses.No se da el caso de que una de las partes cometa una injusticia.Los cartagineses no tocan el oro hasta que los nativos lo hayan equiparado al valor de las mercancías,ni éstos tocan las mercancías hasta que aquéllos hayan recogido el oro.
12/6/10
El Príncipe que prefirió ser anarquista y preso . Los sistemas carcelarios hace 140 años
""Es hora ya de que nos preguntemos si la condena a muerte o a la cárcel son justas.¿Logran el doble fin que se marcan como objetivo, el de impedir la repetición del acto antisocial y (en cuanto a las cárceles) el de reformar al infractor? Son graves cuestiones. De la solución que se les de depende no sólo la felicidad de miles de presos, no sólo el destino de mujeres y niños asolados por la miseria, cuyos padres y maridos no pueden ayudarles desde detrás de sus rejas, sino también la felicidad de la especie humana. Toda injusticia cometida contra un individuo la experimenta, en último termino, todo el conjunto de la especie.
(Discurso pronunciado por Piotr Kropotkin en Paris el 20 de diciembre de 1877)
LAS CÁRCELES Y SU INFLUENCIA MORAL SOBRE LOS PRESOS
Piotr Kropotkin
Introducción:
Tras el problema económico y tras el problema del Estado, quizás el más importante de todos sea el que concierne al control de los actos antisociales. La distribución de justicia fue siempre el principal instrumento para crear derechos y privilegios, pues se basaba en sólidos fundamentos de derechos constituidos; el problema de lo que ha de hacerse con los que cometen actos antisociales contiene en consecuencia en sí el gran problema del gobierno y del Estado.
Es hora ya de que nos preguntemos si la condena a muerte o a la cárcel son justas.
¿Logran el doble fin que se marcan como objetivo, el de impedir la repetición del acto antisocial y (en cuanto a las cárceles) el de reformar al infractor?
Son graves cuestiones. De la solución que se les de depende no sólo la felicidad de miles de presos, no sólo el destino de mujeres y niños asolados por la miseria, cuyos padres y maridos no pueden ayudarles desde detrás de sus rejas, sino también la felicidad de la especie humana. Toda injusticia cometida contra un individuo la experimenta, en último termino, todo el conjunto de la especie.
He tenido ocasión de conocer dos cárceles en Francia y varias en Rusia, y diversas circunstancias de mi vida me han llevado a volver a estudiar las cuestiones penales, y creo que es mi deber exponer claramente lo que son las cárceles: relatar mis observaciones y mis ideas, resultado de ellas.
1. La cárcel como escuela de delito.
Cuando un hombre ha estado en la cárcel una vez, vuelve. Es inevitable, las estadísticas lo demuestran. Los informes anuales de la administración de justicia penal de Francia muestran que la mitad de los que comparecen ante los jurados y dos quintas partes de los que anualmente comparecen ante los órganos menores por faltas reciben su educación en las cárceles. Casi la mitad de los juzgados por asesinato, y tres cuartas partes de los juzgados por robo con allanamiento son reincidentes. En cuanto a las cárceles modelo, mas de un tercio de los presos que salen de estas instituciones supuestamente correctivas vuelven a ser encarcelados en un plazo de doce meses después de su liberación.
Otra característica significativa es que la infracción por la que el hombre vuelve a la cárcel es siempre mas grave que la anterior. Si antes era un pequeño robo, vuelve ya por un audaz robo con allanamiento. Si la primera vez le encarcelaron por un acto de violencia, lo más probable es que vuelva luego como asesino. Todos los tratadistas de criminología coinciden en este punto. Los ex-presidiarios se han convertido en un grave problema en Europa. Y ya sabemos como lo ha resuelto Francia: decretando su destrucción total por las fiebres de Cayena, un exterminio que se inicia en el viaje.
2. La Inutilidad de las cárceles.
Pese a todas las reformas hechas hasta el presente, pese a los experimentos de los distintos sistemas carcelarios, los resultados son siempre los mismos. Por una parte, el número de delitos contra las leyes existentes ni aumenta ni disminuye sea cual sea el sistema de castigo. En Rusia se ha abolido la flagelación y en Italia la pena de muerte, sin que variara el número de crímenes. La crueldad de los jueces puede aumentar o disminuir, la crueldad del sistema penal jesuítico cambiar, pero el número de actos considerados delitos se mantiene constante. Sólo le afectan otras causas que brevemente enunciaré.
Por otra parte sean cuales fueren los cambios introducidos en el régimen carcelario, el problema de la reincidencia no disminuye. Esto es inevitable; así ha de ser; la prisión mata todas las cualidades que hacen al hombre adaptarse mejor a la vida comunitaria. Crea el tipo de individuo que inevitablemente volverá a la cárcel para acabar sus días en una de esas tumbas de piedra que tienen grabado: «Casa de detención y corrección».
A la pregunta "¿Qué hacer para mejorar el sistema penal?», sólo hay una respuesta: nada. Es imposible mejorar una cárcel. Con excepción de unas cuantas mejoras insignificantes, no se puede hacer absolutamente nada más que demolerla.
Podría proponer que se pusiese un Pestalozzi al frente de cada cárcel. Me refiero al gran pedagogo suizo que recogía niños abandonados y hacer de ellos buenos ciudadanos.
Podría proponer también que substituyesen a los guardias actuales, ex soldados y ex policías, sesenta Pestalozzis. Aunque preguntareis:
«¿Dónde encontrarlos?»… Pregunta razonable. El gran maestro suizo rechazaría sin duda el oficio de carcelero, pues, el principio de toda cárcel es básicamente malo porque priva al hombre de libertad.
Privando a un hombre de su libertad, no se conseguirá que mejore. Cultivaremos delincuentes habituales, como ahora mostraré.
3. Los delincuentes en la cárcel y fuera.
Para empezar, tengamos en cuenta que no hay preso que considere justo el castigo que se le aplica. Esto es en si mismo una condena de todo nuestro sistema judicial. Hablad con un hombre encarcelado o con un gran estafador. Dirá: «Aquí están los de las pequeñas estafas, los de las grandes andan libres y gozan del público respeto». ¿Qué responder, sabiendo que existen grandes empresas financieras expresamente dedicadas a arrebatar los últimos céntimos de los ahorros de los pobres, y cuyos fundadores se retiran a tiempo con botines legales hechos a costa de esos pequeños ahorros? Todos conocemos esas grandes empresas que emiten acciones, sus circulares falsas, sus inmensas estafas. ¿Cómo no dar al preso la razón?
Y el hombre encarcelado por robar una caja fuerte, te dirá: «Simplemente no fui bastante listo; nada mas». ¿Y qué contestarle, sabiendo lo que pasa en sitios importantes, y cómo, tras terribles escándalos, se entrega a esos grandes ladrones el veredicto de inocencia?
Cuantas veces se oirá decir a los presos: «Son los grandes ladrones los que nos tienen aquí encerrados; nosotros somos los pequeños». ¿Cómo discutir esto cuando los presos saben de las increíbles estafas perpetradas en el campo de las altas finanzas y del comercio. Cuando saben que la sed de riquezas, adquiridas por todos lo medios posibles, es la esencia misma de la sociedad burguesa? Cuando ha examinado la inmensa cantidad de transacciones sospechosas que separan a los hombres honestos (según medidas burguesas) y a los delincuentes, cuando ha visto todo esto, tiene sin duda que creer que las cárceles son para torpes, no para delincuentes.
Esta es la norma respecto al mundo exterior. En cuanto a la cárcel misma, no hace falta extenderse mucho en ello. Sabemos bien lo que es. Sea respecto a la comida o a la distribución de favores, en palabras de los presos, desde San Francisco a Katmchatka: «Los mayores ladrones son los que nos tienen aquí, no nosotros».
4. El trabajo en la cárcel.
Todos conocemos el influjo dañino de la ociosidad. El trabajo realza al hombre. Pero hay muchos trabajos. El trabajo del libre hace sentirse parte del todo inmenso; el del esclavo degrada. Los trabajos forzados se hacen a la fuerza, sólo por miedo a un castigo peor. Y ese trabajo, que no atrae por si mismo porque no ejercita ninguna de las facultades mentales del trabajador, esta tan mal pagado que se considera un castigo.
Cuando mis amigos hacían corsés o botones de concha y ganaban doce centavos por diez horas al día, y cuatro los retenía el Estado, podemos comprender muy bien la repugnancia que este trabajo producía al condenado a ejecutarlo.
Cuando uno gana treinta y seis centavos por semana, hay derecho a decir: «Los ladrones son los que aquí nos tienen, no nosotros».
5. Consecuencias del cese de los contactos sociales.
¿Y qué inspiración puede lograr un preso para trabajar por el bien común, privado como está de toda conexión con la vida exterior? Por un refinamiento de crueldad, quienes planearon nuestras cárceles hicieron todo lo posible por cortar toda relación del preso con la sociedad. En Inglaterra, la mujer y los hijos del preso sólo pueden verle una vez cada tres meses y las cartas que se le permiten escribir son realmente ridículas. Los filántropos han llegado a veces a desafiar la naturaleza humana hasta el punto de impedir a un preso a escribir algo más que su firma en un impreso.
La mejor influencia a que un preso podría someterse, la única que podría aportarle un rayo de luz, un soplo de cariño en su vida (la relación con los suyos) queda sistemáticamente prohibida.
En la vida sombría del preso, sin pasión ni emoción, se atrofian en seguida los buenos sentimientos. Los trabajadores especializados que amaban su oficio pierden el gusto por el trabajo. La energía corporal se esfuma lentamente.
La mente no tiene ya energía para fijar la atención; el pensamiento es menos ágil, y, en cualquier caso, menos persistente.
Pierde profundidad. Yo creo que la disminución de la energía nerviosa en las cárceles se debe, sobre todo, a la falta de impresiones variadas.
En la vida ordinaria hay miles de sonidos y colores que asaltan diariamente los sentidos, un millar de pequeños hechos llegan a nuestra conciencia y estimulan la actividad del cerebro. Esto no sucede con los sentidos de los presos. Sus impresiones son escasas y siempre las mismas.
6. La teoría de la fuerza de voluntad.
Hay otra importante causa de desmoralización en las cárceles. Todas las transgresiones de las normas morales aceptadas pueden atribuirse a la falta de una voluntad fuerte. La mayoría de los habitantes de las cárceles son gentes que no tuvieron la fuerza suficiente para resistir las tentaciones que les rodeaban o para controlar una pasión que les arrastró momentáneamente. En las cárceles, como en los conventos, se hace todo lo posible para matar la voluntad del hombre. No se suele tener posibilidad de elegir entre dos opciones.
Las raras ocasiones en que se puede ejercitar la voluntad son muy breves. Toda la vida del preso está regulada y ordenada previamente. Sólo tiene que seguir la corriente, que obedecer so pena de graves castigos.
En estas condiciones, toda la fuerza de voluntad que pudiese tener al entrar desaparece.
¿Y dónde buscar fuerzas para resistir las tentaciones que surjan ante él, como por arte de magia, cuando salga de entre los muros de la cárcel? ¿Dónde encontrará la fuerza necesaria para resistir el primer impulso de un arrebato de pasión, si durante años se hizo lo posible por matar esa fuerza interior, por hacerle dócil instrumento de los que le controlan? Este hecho es, en mi opinión, la condena más terrible de todo el sistema penal basado en privar de libertad al individuo.
Es claro el motivo de esta supresión de la voluntad del individuo, esencia de todo sistema penitenciario. Nace del deseo de guardar el mayor número de presos posible con el menor número posible de guardias. El ideal de los funcionarios de prisión seria millares de autómatas, que se levantaran, trabajaran, comieran y fueran a dormir controlados por corrientes eléctricas accionadas por uno de los guardianes. Quizá así se ahorrase presupuesto, pero nadie debería asombrarse de que estos hombres, reducidos a máquinas, no fuesen, una vez liberados, tal cómo la sociedad los desea. Tan pronto como un preso queda libre, le esperan sus viejos camaradas. Lo reciben fraternalmente y se ve una vez mas arrastrado por la corriente que le llevó a la cárcel. Nada pueden hacer las organizaciones protectores. Lo único que pueden hacer para combatir la influencia maligna de la cárcel es aliviar su influjo en los ex-presidiarios.
¡Qué contraste entre la recepción de sus viejos camaradas y la de la gente que se dedica a tareas filantrópicas con ex-presidiarios! ¿Cuál de estas personas le invitará a su casa y le dirá simplemente: «Aquí tienes una habitación, aquí tienes un trabajo, siéntate en esta mesa como uno mas de la familia»?
El ex-presidiario sólo busca la mano extendida de cálida amistad. Pero la sociedad, después de haber hecho todo lo posible por convertirle en enemigo, después de inocularle los vicios de la cárcel, le rechaza. Le condena a ser un «reincidente».
7. El efecto de las ropas de la cárcel y de la disciplina.
Todo el mundo conoce la influencia de la ropa decente. Hasta un animal se avergüenza de aparecer ante sus semejantes si algo le hace parecer ridículo.
Si pintan a un gato de blanco y amarillo no se atreverá a acercarse a otros gatos. Pero los hombres empiezan por entregar una vestimenta de lunático a quien afirman querer reformar.
El preso se ve sometido toda su vida de prisión a un tratamiento que indica un desprecio absoluto por sus sentimientos. No se concede a un preso el simple respeto debido a todo ser humano. Es una cosa, un número, y a cosa numerada se le trata. Si cede al más humano de todos los deseos, el de comunicarse con un camarada, se le culpa de falta de disciplina. Quien no mintiese ni engañase antes de entrar en la cárcel: allí aprenderá a mentir y a engañar y este aprendizaje será para él una segunda naturaleza.
Y los que no se someten lo pasan mal. Si verse registrado le resulta humillante, si no le gusta la comida, si muestra disgusto porque el guardián trafica con tabaco, si divide su pan con el vecino, si conserva aun la suficiente dignidad para enfadarse por un insulto, si es lo bastante honrado para sublevarse por pequeñas intrigas, la cárcel será para él un infierno. Se verá abrumado de trabajo o le meterán a pudrirse en confinamiento solitario.
La más leve infracción de disciplina significará el castigo mas grave. Y todo castigo llevará a otro. Por la persecución le empujaran a la locura. Puede considerarse afortunado si no deja la cárcel en un ataúd.
8. Los carceleros.
Es fácil escribir en los periódicos que hay que vigilar estrechamente a los guardias de las cárceles, que deben elegirse entre hombres buenos. No hay nada más fácil que construir utopías administrativas. Pero el hombre seguirá siendo hombre, guardián o preso.
Y cuando se condena a estos guardianes a pasar el resto se sus vidas en situaciones falsas, sufren las consecuencias. Se vuelven irritables. Sólo en monasterios y conventos hay tal espíritu de mezquina intriga. En ninguna parte abundan tanto escándalos y chismorreos como entre los guardianes de las cárceles.
No se puede dar a un individuo autoridad sin corromperle. Abusará de ella. Y será menos escrupuloso y sentirá su autoridad más aun cuanto su esfera de acción sea mas limitada.
Obligado a vivir en terreno enemigo, el guardián no puede convertirse en un modelo de bondad. A la alianza de los presos se opone la de los carceleros. Es la institución la que les hace lo que son: sicarios ruines y mezquinos. Si pusiésemos a Pestalozzi en su lugar, pronto sería un carcelero.
Rápidamente, el rencor contra la sociedad penetra en el corazón del preso. Se habitúa a detestar a los que le oprimen. Divide el mundo en dos partes: una, aquella a la que pertenecen él y sus camaradas; la otra, el mundo exterior representado por los guardianes y sus superiores. Los presos forman una liga contra todos los que no llevan el uniforme de presidiario. Son sus enemigos y cuanto puedan hacer para engañarles es bueno.
Tan pronto como se ve en libertad, pone el preso en práctica su código. Antes de ir a la cárcel pudo cometer su delito involuntariamente. Ahora tiene una filosofía que puede resumirse en estas palabras de Zola: «Que sin vergüenzas son estos hombres honrados».
Si consideramos las distintas influencias de la cárcel sobre el preso nos convenceremos de que hacen al hombre cada vez menos apto para vivir en sociedad. Por otra parte, ninguna de estas influencias eleva las facultades intelectuales y morales del preso, ni le lleva a una concepción mas elevada de la vida. La cárcel no mejora al preso. Y además, hemos visto que no le impide cometer otros delitos. No logra, pues, ninguno de los fines que se propone.
9. ¿Cómo debemos tratar a los infractores?
Debemos de formular la siguiente pregunta: «¿Qué debería hacerse con los que violan las leyes?» No me refiero a las leyes escritas (son triste herencia de un triste pasado), si no a los principios morales grabados en los corazones de todos nosotros.
Hubo tiempos en que la medicina era el arte de administrar ciertas drogas, laboriosamente descubiertas con experimentos. Pero nuestra época ha enfocado el problema médico desde un nuevo ángulo. En vez de curar enfermedades, busca la medicina ahora ante todo impedirlas. La higiene es la mejor medicina de todas. Aun hemos de hacer lo mismo con este gran fenómeno social al que aun llamamos «delito», pero al que nuestros hijos llamarán «enfermedad social». Impedir la enfermedad será la mejor cura. Y esta conclusión se ha convertido ya en lema de toda una escuela de pensadores modernos dedicados al estudio del «delito».
En las obras publicadas por los innovadores están todos lo elementos necesarios para adoptar una actitud nueva hacia aquellos a quienes la sociedad, cobardemente, ha decapitado, ahorcado o encarcelado hasta ahora.
10. Causas del delito.
A tres grandes categorías de causas se deben esos actos antisociales llamados delitos. Son causas sociales, fisiológicas y físicas. Empezaré por las últimas. Son las menos conocidas, pero su influencia es indiscutible.
Causas físicas.
Si vemos que un amigo hecha al correo una carta olvidándose poner la dirección, decimos que es un accidente, que es algo imprevisto. Estos accidentes, estos acontecimientos inesperados, se producen en las sociedades humanas con la misma regularidad que los que pueden prevenirse. El número de cartas sin dirección que se envían por correo continúa siendo notable año tras año. Este número puede variar de un año tras otro, pero muy levemente. Aquí tenemos un factor tan caprichoso como la distracción. Sin embargo, este factor está sometido a leyes igual de rigurosas que las que gobiernan los movimientos de los planetas.
Y lo mismo sucede con el número de delitos que se cometen al año. Con las estadísticas de años anteriores en la mano, cualquiera puede predecir con antelación, con sorprendente exactitud, el número aproximado de asesinatos que se cometerán en el curso del año en cada país europeo.
La influencia de las causas físicas sobre nuestras acciones aun no ha sido, ni mucho menos, plenamente estudiada. Se sabe, sin embargo, que predominan los actos de violencia en el verano, mientras que en el invierno adquieren prioridad los actos contra la propiedad. Si examinamos los gráficos obtenidos por el profesor Enrico Ferri y observamos que el gráfico de actos de violencia sube y baja con el de temperatura, nos impresiona profundamente la similitud de los dos y comprendemos hasta que punto el hombre es una máquina. El hombre que tanto se afana de su voluntad libre, depende de la temperatura, los vientos y las lluvias tantos como cualquier otro organismo. ¿Quién pondrá en duda estas influencias? Cuando el tiempo es bueno y es buena la cosecha, y cuando los hombres se sienten a gusto, es mucho menos probable que de pequeñas disputas resulten puñaladas. Si el tiempo es malo y la cosecha pobre, los hombres se vuelven irritables y sus disputas adquieren carácter mas violento.
Causas fisiológicas.
Las causas fisiológicas, las que dependen de la estructura del cerebro, órganos digestivos y sistema nervioso, son sin duda más importantes que las causas físicas. La influencia de capacidades heredadas, así como de la estructura física sobre nuestros actos, han sido objeto de tan profunda investigación que podemos formarnos una idea bastante correcta de su importancia.
Cuando Cesare Lombroso afirma que la mayoría de los que habitan nuestras cárceles tienen algún defecto en su estructura cerebral, podemos aceptar tal afirmación siempre que comparemos los cerebros de los que mueren en prisión con los de quienes mueren fuera en condiciones de vida generalmente malas. Cuando demuestra que los asesinatos más brutales los cometen individuos que tienen algún defecto mental grave, aceptamos lo que dice si tal afirmación la confirman los hechos. Pero cuando Lombroso declara que la sociedad tiene derecho a tomar medidas contra los deficientes, no aceptamos seguirle. La sociedad no tiene derecho a exterminar al que tenga el cerebro enfermo. Admitimos que muchos de los que cometen estos actos atroces son casi idiotas. Pero no todos los idiotas se hacen asesinos.
En muchas familias, tanto en los manicomios, como en los palacios, hay idiotas con los mismos rasgos que Lombroso considera característicos del «loco criminal». La única diferencia entre ellos y los que van al patíbulo es el medio en que viven. Las enfermedades cerebrales pueden ciertamente estimular el desarrollo de las tendencias asesinas, pero no es algo inevitable. Todo depende de las circunstancias de quien sufra la enfermedad mental.
Toda persona inteligente podrá ver, por los datos acumulados, que la mayoría de los individuos a los que se trata hoy como delincuentes son hombres que padecen alguna enfermedad, y a quienes en consecuencia, es necesario curar lo mejor posible en vez de enviarlos a la cárcel, donde su enfermedad sólo puede agravarse.
Si nos sometiésemos todos a un riguroso análisis, veríamos que a veces pasan por nuestra mente, rápidos como centellas, los gérmenes de ideas que son los fundamentos de las malas acciones. Rechazamos estas ideas, pero si hubiesen hallado un eco favorable en nuestras circunstancias o si otros sentimientos, como el amor, la piedad o la fraternidad, no hubiesen contrarrestado estas chispas de pensamientos egoístas y brutales, habrían acabado llevándonos a una mala acción. En suma, las causas fisiológicas juegan un papel importante en arrastrar a los hombres a la cárcel, pero no son las causas de la «criminalidad» propiamente dicha. Estas afecciones de la mente, el sistema cerebro- espinal, etc., podemos verlas en estado incipiente en todos nosotros. La inmensa mayoría padecemos alguno de esos males. Pero no llevan a la persona a cometer un acto antisocial a menos que circunstancias externas les den una inclinación mórbida.
Causas sociales.
Si las causas físicas tienen tan vigorosa influencia en nuestras acciones, si nuestra fisiología es tan a menudo causa de los actos antisociales que cometemos, ¡cuanto más poderosas son las causas sociales! Las mentes más avanzadas e inteligentes de nuestra época proclaman que es la sociedad en su conjunto la responsable de los actos antisociales que se cometen en ella. Igual que participamos de la gloria de nuestros héroes y genios, compartimos los actos de nuestros asesinos.
Nosotros les hicimos lo que son, a unos y otros.
Año tras año crecen miles de niños en medio de la basura moral y material de nuestras grandes ciudades, entre una población desmoralizada por una vida mísera. Estos niños no conocen un verdadero hogar. Su casa es una choza mugrienta hoy y las calles mañana.
Crecen sin salida decente para sus jóvenes energías. Cuando vemos a la población infantil de las grandes ciudades crecer de ese modo, no podemos evitar asombrarnos de que tan pocos de ellos se conviertan en salteadores de caminos y en asesinos. Lo que me sorprende es la profundidad de los sentimientos sociales entre el género humano, la cálida fraternidad que se desarrolla hasta en los barrios peores. Sin ella, el número de los que declarasen guerra abierta a la sociedad sería aun mayor. Sin esta amistad, esta aversión a la violencia no quedaría en pie ninguno de nuestros suntuosos palacios urbanos.
Y al otro lado de la escala, ¿qué ve el niño que crece en las calles? Lujo, estúpido e insensato, tiendas elegantes, material de lectura dedicado a exhibir la riqueza, ese culto al dinero que crea la sed de riqueza, el deseo de vivir a expensas de otros. El lema es:
«Hazte rico. Destruye cuanto se interponga en tu camino y hazlo por cualquier medio, salvo los que puedan llevarte a la cárcel». Se desprecia hasta tal punto el trabajo manual, que nuestras clases dominantes prefieren dedicarse a la gimnasia que manejar la sierra o la azada. Una mano callosa se considera signo de inferioridad y un vestido de seda, de superioridad.
La sociedad misma crea diariamente estos individuos incapaces de llevar una vida de trabajo honesto y llenos de impulsos antisociales. Les glorifica cuando sus delitos se ven coronados del éxito financiero. Les envía a la cárcel cuando no tiene «éxito». No servirán ya de nada cárceles, verdugos y jueces cuando la revolución social haya cambiado por completo las relaciones entre capital y trabajo, cuando no haya ociosos, cuando todos puedan trabajar según su inclinación por el bien común, cuando se enseñé a todos los niños a trabajar con sus propias manos al mismo tiempo que su inteligencia y su espíritu, al ser cultivados adecuadamente, alcanzan un desarrollo normal.
El hombre es resultado del medio en que se cría y en que pasa su vida. Si se le acostumbra a trabajar desde la niñez, a considerarse parte del conjunto social, a comprender que no puede hacer daño a otros sin sentir al fin él mismo las consecuencias, habrá pocas infracciones de las leyes morales. Las dos terceras partes de los actos que hoy se condenan cómo delitos, son actos contra la propiedad.
Desaparecerán con la propiedad privada. En cuanto a los actos de violencia contra las personas, disminuyen ya proporcionalmente al aumento del sentido social y desaparecerán cuando ataquemos las causas en vez de los efectos.
11. ¿Cómo curar a los infractores?
Hasta hoy, las instituciones penales, tan caras a los abogados, han sido un compromiso entre la idea bíblica de venganza, la creencia medieval en el dominio, la idea del poder del terror de los abogados modernos y la de la prevención del crimen por medio del castigo.
No deben construirse manicomios para subsistir a las cárceles. Nada más lejos de mi pensamiento, que idea tan execrable. El manicomio es siempre cárcel. Lejos también de mi pensamiento esa idea, que los filántropos airean de cuando en cuando, de que debe ponerse la cárcel en manos de médicos y maestros. Lo que los presos no han hallado hoy en la sociedad es una mano auxiliadora, sencilla y amistosa, que les ayude desde la niñez a desarrollar las facultades superiores de su inteligencia y su espíritu; facultades estas cuyo desarrollo natural han obstaculizado o un defecto orgánico o las malas condiciones sociales a que somete la propia sociedad a millones de seres humanos. Pero si carecen de la posibilidad de elegir sus acciones, los individuos privados de su libertad no pueden ejercitar estas libertades superiores de la inteligencia y el corazón.
La cárcel de los médicos, el manicomio, sería mucho peor que nuestras cárceles presentes. Sólo dos correctivos pueden aplicarse a esas enfermedades del organismo humano que conducen al llamado delito: fraternidad humana y libertad. No hay duda de que en toda sociedad, por muy bien organizada que esté, aparecerán individuos que se dejen arrastrar fácilmente por las pasiones y que pueden cometer de cuando en cuando hechos antisociales.
Pero para impedir esto es necesario dar a sus pasiones una dirección sana, otra salida.
Vivimos hoy demasiado aislados. La propiedad privada nos ha llevado al individualismo egoísta en todas nuestras relaciones mutuas. Nos conocemos muy poco unos a otros; los puntos de contacto son demasiado escasos. Pero hemos visto en la historia ejemplos de vida comunal mucho más integrada: la «familia compuesta» en China, las comunas agrarias, por ejemplo.
Estas gentes si se conocen entre sí. Las circunstancias las fuerzan a ayudarse recíprocamente en un sentido material y moral. La vida familiar, basada en la comunidad primigenia, ha desaparecido. Ocupará su lugar una nueva familia, basada en la comunidad de aspiraciones. En esta familia, los individuos se verán forzados a conocerse mutuamente, a ayudarse entre sí y a apoyarse unos en otros moralmente en toda ocasión. Y esta colaboración mutua impedirá el gran número de actos antisociales que vemos hoy.
Se dirá, sin embargo, que habrá siempre algunos individuos, los enfermos, si queréis llamarles así, que serán un peligro para la sociedad. ¿No será necesario, pues, liberarnos de ellos, o impedir al menos que hagan daño a otros? Ninguna sociedad, por muy poco inteligente que sea, necesitará recurrir a una solución tan absurda, y ello tiene un motivo. Antiguamente se consideraba a los locos posesos de demonios y se les trataba en consecuencia.
Les mantenían presos en sitios como establos, encadenados a la pared como animales peligrosos. Luego Pinel, hombre de la gran revolución se atrevió a eliminar aquellas cadenas y probó a tratarles como hermanos. «Te devorarán», gritaron los guardianes. Pero Pinel no tuvo miedo. Aquellos a quienes se consideraba bestias salvajes se reunieron alrededor de Pinel y demostraron con su actitud que él tenía razón al creer en el mejor aspecto de la naturaleza humana, aun cuando la enfermedad nublase la inteligencia. Y ganó la causa. Se dejo de encadenar a los locos.
Luego, los campesinos del pueblecito belga de Gheel encontraron algo mejor. Dijeron:
«Mandadnos vuestros locos. Nosotros les daremos libertad total». Les adoptaron en sus familias, les dieron un sitio en sus mesas, oportunidad de cultivar con ellos sus campos y un puesto entre sus jóvenes en bailes y fiestas. «Comed, bebed y bailad con nosotros. Trabajad y corred por el campo y sed libres.» Este era el sistema, esta era toda la ciencia que sabían los campesinos belgas. (Hablo de los primeros tiempos. Hoy el tratamiento de los locos en Gheel se ha convertido en profesión y, siendo profesión y persiguiendo el lucro, ¿qué significado puede poseer?) Y la libertad obró un milagro. Los locos se curaron. Incluso los que tenían lesiones orgánicas incurables se convirtieron en miembros dóciles y tratables de la familia, como el resto. La mente enferma podía seguir trabajando de un modo anormal pero el corazón estaba en su sitio. Se proclamó el hecho como un milagro. Se atribuyeron estos notables cambios a la acción milagrosa de santos y vírgenes. Pero la virgen era la libertad y el santo, trabajo en el campo y trato fraternal. En uno de los extremos del inmenso «espacio que media entre enfermedad mental y delito» del que Maudsley habla, la libertad y el trato fraternal obraron su milagro.
También lo obrarán por el otro extremo.
12. Conclusión.
La cárcel no impide que se produzcan actos antisociales. Multiplica su número. No mejora a los que pasan tras sus muros. Por mucho que se reforme, las cárceles seguirán siendo siempre lugares de represión, medios artificiales, como los monasterios, que harán al preso cada vez menos apto para vivir en comunidad. No logran sus fines.
Degradan la sociedad. Deben desaparecer. Son supervivencia de barbarie mezclada con filantropía jesuítica.
El primer deber del revolucionario será abolir las cárceles: esos monumentos de la hipocresía humana y de la cobardía. No hay porque temer actos antisociales en un mundo de iguales, entre gente libre, con una educación sana y el hábito de la ayuda mutua. La mayoría de estos actos ya no tendrían razón de ser. Los restantes serían sofocados en origen.
En cuanto a aquellos individuos de malas tendencias que nos legará la sociedad actual tras la revolución, será tarea nuestra impedir que ejerciten tales tendencias. Esto se logrará ya muy eficazmente mediante la solidaridad de todos los miembros de la comunidad contra tales agresores. Si no lo lográsemos en todos los casos, el único correctivo práctico seguiría siendo tratamiento fraternal y apoyo moral.
No es esto una utopía. Se ha hecho ya con individuos aislados y se convertirá en práctica general. Y estos medios serán mucho más poderosos para proteger a la sociedad de actos antisociales que el sistema actual de castigo que es fuente constante de nuevos delitos.
(del autor del blog:Siguen siendo graves cuestiones y en la forma y manera en que se ha socializado e industializado e incluso hasta privatizado los sistemas petienciarios de nuestros días een casi todos los paises o naciones con gobiernos de los que históriccamentte conocemos como democráticos.De la solución que se de hoy depende,además de las vidas dde los presos y sus familias y, mucho más que entonces, toda la clase cuantiosa de empleados carceleros asalariados y managers del sistema para los que representa su modus vivendi y el de sus familares con lo que el enraizamiento social del problema lo hace mucho más imposible de resolver.
(Discurso pronunciado por Piotr Kropotkin en Paris el 20 de diciembre de 1877)
LAS CÁRCELES Y SU INFLUENCIA MORAL SOBRE LOS PRESOS
Piotr Kropotkin
Introducción:
Tras el problema económico y tras el problema del Estado, quizás el más importante de todos sea el que concierne al control de los actos antisociales. La distribución de justicia fue siempre el principal instrumento para crear derechos y privilegios, pues se basaba en sólidos fundamentos de derechos constituidos; el problema de lo que ha de hacerse con los que cometen actos antisociales contiene en consecuencia en sí el gran problema del gobierno y del Estado.
Es hora ya de que nos preguntemos si la condena a muerte o a la cárcel son justas.
¿Logran el doble fin que se marcan como objetivo, el de impedir la repetición del acto antisocial y (en cuanto a las cárceles) el de reformar al infractor?
Son graves cuestiones. De la solución que se les de depende no sólo la felicidad de miles de presos, no sólo el destino de mujeres y niños asolados por la miseria, cuyos padres y maridos no pueden ayudarles desde detrás de sus rejas, sino también la felicidad de la especie humana. Toda injusticia cometida contra un individuo la experimenta, en último termino, todo el conjunto de la especie.
He tenido ocasión de conocer dos cárceles en Francia y varias en Rusia, y diversas circunstancias de mi vida me han llevado a volver a estudiar las cuestiones penales, y creo que es mi deber exponer claramente lo que son las cárceles: relatar mis observaciones y mis ideas, resultado de ellas.
1. La cárcel como escuela de delito.
Cuando un hombre ha estado en la cárcel una vez, vuelve. Es inevitable, las estadísticas lo demuestran. Los informes anuales de la administración de justicia penal de Francia muestran que la mitad de los que comparecen ante los jurados y dos quintas partes de los que anualmente comparecen ante los órganos menores por faltas reciben su educación en las cárceles. Casi la mitad de los juzgados por asesinato, y tres cuartas partes de los juzgados por robo con allanamiento son reincidentes. En cuanto a las cárceles modelo, mas de un tercio de los presos que salen de estas instituciones supuestamente correctivas vuelven a ser encarcelados en un plazo de doce meses después de su liberación.
Otra característica significativa es que la infracción por la que el hombre vuelve a la cárcel es siempre mas grave que la anterior. Si antes era un pequeño robo, vuelve ya por un audaz robo con allanamiento. Si la primera vez le encarcelaron por un acto de violencia, lo más probable es que vuelva luego como asesino. Todos los tratadistas de criminología coinciden en este punto. Los ex-presidiarios se han convertido en un grave problema en Europa. Y ya sabemos como lo ha resuelto Francia: decretando su destrucción total por las fiebres de Cayena, un exterminio que se inicia en el viaje.
2. La Inutilidad de las cárceles.
Pese a todas las reformas hechas hasta el presente, pese a los experimentos de los distintos sistemas carcelarios, los resultados son siempre los mismos. Por una parte, el número de delitos contra las leyes existentes ni aumenta ni disminuye sea cual sea el sistema de castigo. En Rusia se ha abolido la flagelación y en Italia la pena de muerte, sin que variara el número de crímenes. La crueldad de los jueces puede aumentar o disminuir, la crueldad del sistema penal jesuítico cambiar, pero el número de actos considerados delitos se mantiene constante. Sólo le afectan otras causas que brevemente enunciaré.
Por otra parte sean cuales fueren los cambios introducidos en el régimen carcelario, el problema de la reincidencia no disminuye. Esto es inevitable; así ha de ser; la prisión mata todas las cualidades que hacen al hombre adaptarse mejor a la vida comunitaria. Crea el tipo de individuo que inevitablemente volverá a la cárcel para acabar sus días en una de esas tumbas de piedra que tienen grabado: «Casa de detención y corrección».
A la pregunta "¿Qué hacer para mejorar el sistema penal?», sólo hay una respuesta: nada. Es imposible mejorar una cárcel. Con excepción de unas cuantas mejoras insignificantes, no se puede hacer absolutamente nada más que demolerla.
Podría proponer que se pusiese un Pestalozzi al frente de cada cárcel. Me refiero al gran pedagogo suizo que recogía niños abandonados y hacer de ellos buenos ciudadanos.
Podría proponer también que substituyesen a los guardias actuales, ex soldados y ex policías, sesenta Pestalozzis. Aunque preguntareis:
«¿Dónde encontrarlos?»… Pregunta razonable. El gran maestro suizo rechazaría sin duda el oficio de carcelero, pues, el principio de toda cárcel es básicamente malo porque priva al hombre de libertad.
Privando a un hombre de su libertad, no se conseguirá que mejore. Cultivaremos delincuentes habituales, como ahora mostraré.
3. Los delincuentes en la cárcel y fuera.
Para empezar, tengamos en cuenta que no hay preso que considere justo el castigo que se le aplica. Esto es en si mismo una condena de todo nuestro sistema judicial. Hablad con un hombre encarcelado o con un gran estafador. Dirá: «Aquí están los de las pequeñas estafas, los de las grandes andan libres y gozan del público respeto». ¿Qué responder, sabiendo que existen grandes empresas financieras expresamente dedicadas a arrebatar los últimos céntimos de los ahorros de los pobres, y cuyos fundadores se retiran a tiempo con botines legales hechos a costa de esos pequeños ahorros? Todos conocemos esas grandes empresas que emiten acciones, sus circulares falsas, sus inmensas estafas. ¿Cómo no dar al preso la razón?
Y el hombre encarcelado por robar una caja fuerte, te dirá: «Simplemente no fui bastante listo; nada mas». ¿Y qué contestarle, sabiendo lo que pasa en sitios importantes, y cómo, tras terribles escándalos, se entrega a esos grandes ladrones el veredicto de inocencia?
Cuantas veces se oirá decir a los presos: «Son los grandes ladrones los que nos tienen aquí encerrados; nosotros somos los pequeños». ¿Cómo discutir esto cuando los presos saben de las increíbles estafas perpetradas en el campo de las altas finanzas y del comercio. Cuando saben que la sed de riquezas, adquiridas por todos lo medios posibles, es la esencia misma de la sociedad burguesa? Cuando ha examinado la inmensa cantidad de transacciones sospechosas que separan a los hombres honestos (según medidas burguesas) y a los delincuentes, cuando ha visto todo esto, tiene sin duda que creer que las cárceles son para torpes, no para delincuentes.
Esta es la norma respecto al mundo exterior. En cuanto a la cárcel misma, no hace falta extenderse mucho en ello. Sabemos bien lo que es. Sea respecto a la comida o a la distribución de favores, en palabras de los presos, desde San Francisco a Katmchatka: «Los mayores ladrones son los que nos tienen aquí, no nosotros».
4. El trabajo en la cárcel.
Todos conocemos el influjo dañino de la ociosidad. El trabajo realza al hombre. Pero hay muchos trabajos. El trabajo del libre hace sentirse parte del todo inmenso; el del esclavo degrada. Los trabajos forzados se hacen a la fuerza, sólo por miedo a un castigo peor. Y ese trabajo, que no atrae por si mismo porque no ejercita ninguna de las facultades mentales del trabajador, esta tan mal pagado que se considera un castigo.
Cuando mis amigos hacían corsés o botones de concha y ganaban doce centavos por diez horas al día, y cuatro los retenía el Estado, podemos comprender muy bien la repugnancia que este trabajo producía al condenado a ejecutarlo.
Cuando uno gana treinta y seis centavos por semana, hay derecho a decir: «Los ladrones son los que aquí nos tienen, no nosotros».
5. Consecuencias del cese de los contactos sociales.
¿Y qué inspiración puede lograr un preso para trabajar por el bien común, privado como está de toda conexión con la vida exterior? Por un refinamiento de crueldad, quienes planearon nuestras cárceles hicieron todo lo posible por cortar toda relación del preso con la sociedad. En Inglaterra, la mujer y los hijos del preso sólo pueden verle una vez cada tres meses y las cartas que se le permiten escribir son realmente ridículas. Los filántropos han llegado a veces a desafiar la naturaleza humana hasta el punto de impedir a un preso a escribir algo más que su firma en un impreso.
La mejor influencia a que un preso podría someterse, la única que podría aportarle un rayo de luz, un soplo de cariño en su vida (la relación con los suyos) queda sistemáticamente prohibida.
En la vida sombría del preso, sin pasión ni emoción, se atrofian en seguida los buenos sentimientos. Los trabajadores especializados que amaban su oficio pierden el gusto por el trabajo. La energía corporal se esfuma lentamente.
La mente no tiene ya energía para fijar la atención; el pensamiento es menos ágil, y, en cualquier caso, menos persistente.
Pierde profundidad. Yo creo que la disminución de la energía nerviosa en las cárceles se debe, sobre todo, a la falta de impresiones variadas.
En la vida ordinaria hay miles de sonidos y colores que asaltan diariamente los sentidos, un millar de pequeños hechos llegan a nuestra conciencia y estimulan la actividad del cerebro. Esto no sucede con los sentidos de los presos. Sus impresiones son escasas y siempre las mismas.
6. La teoría de la fuerza de voluntad.
Hay otra importante causa de desmoralización en las cárceles. Todas las transgresiones de las normas morales aceptadas pueden atribuirse a la falta de una voluntad fuerte. La mayoría de los habitantes de las cárceles son gentes que no tuvieron la fuerza suficiente para resistir las tentaciones que les rodeaban o para controlar una pasión que les arrastró momentáneamente. En las cárceles, como en los conventos, se hace todo lo posible para matar la voluntad del hombre. No se suele tener posibilidad de elegir entre dos opciones.
Las raras ocasiones en que se puede ejercitar la voluntad son muy breves. Toda la vida del preso está regulada y ordenada previamente. Sólo tiene que seguir la corriente, que obedecer so pena de graves castigos.
En estas condiciones, toda la fuerza de voluntad que pudiese tener al entrar desaparece.
¿Y dónde buscar fuerzas para resistir las tentaciones que surjan ante él, como por arte de magia, cuando salga de entre los muros de la cárcel? ¿Dónde encontrará la fuerza necesaria para resistir el primer impulso de un arrebato de pasión, si durante años se hizo lo posible por matar esa fuerza interior, por hacerle dócil instrumento de los que le controlan? Este hecho es, en mi opinión, la condena más terrible de todo el sistema penal basado en privar de libertad al individuo.
Es claro el motivo de esta supresión de la voluntad del individuo, esencia de todo sistema penitenciario. Nace del deseo de guardar el mayor número de presos posible con el menor número posible de guardias. El ideal de los funcionarios de prisión seria millares de autómatas, que se levantaran, trabajaran, comieran y fueran a dormir controlados por corrientes eléctricas accionadas por uno de los guardianes. Quizá así se ahorrase presupuesto, pero nadie debería asombrarse de que estos hombres, reducidos a máquinas, no fuesen, una vez liberados, tal cómo la sociedad los desea. Tan pronto como un preso queda libre, le esperan sus viejos camaradas. Lo reciben fraternalmente y se ve una vez mas arrastrado por la corriente que le llevó a la cárcel. Nada pueden hacer las organizaciones protectores. Lo único que pueden hacer para combatir la influencia maligna de la cárcel es aliviar su influjo en los ex-presidiarios.
¡Qué contraste entre la recepción de sus viejos camaradas y la de la gente que se dedica a tareas filantrópicas con ex-presidiarios! ¿Cuál de estas personas le invitará a su casa y le dirá simplemente: «Aquí tienes una habitación, aquí tienes un trabajo, siéntate en esta mesa como uno mas de la familia»?
El ex-presidiario sólo busca la mano extendida de cálida amistad. Pero la sociedad, después de haber hecho todo lo posible por convertirle en enemigo, después de inocularle los vicios de la cárcel, le rechaza. Le condena a ser un «reincidente».
7. El efecto de las ropas de la cárcel y de la disciplina.
Todo el mundo conoce la influencia de la ropa decente. Hasta un animal se avergüenza de aparecer ante sus semejantes si algo le hace parecer ridículo.
Si pintan a un gato de blanco y amarillo no se atreverá a acercarse a otros gatos. Pero los hombres empiezan por entregar una vestimenta de lunático a quien afirman querer reformar.
El preso se ve sometido toda su vida de prisión a un tratamiento que indica un desprecio absoluto por sus sentimientos. No se concede a un preso el simple respeto debido a todo ser humano. Es una cosa, un número, y a cosa numerada se le trata. Si cede al más humano de todos los deseos, el de comunicarse con un camarada, se le culpa de falta de disciplina. Quien no mintiese ni engañase antes de entrar en la cárcel: allí aprenderá a mentir y a engañar y este aprendizaje será para él una segunda naturaleza.
Y los que no se someten lo pasan mal. Si verse registrado le resulta humillante, si no le gusta la comida, si muestra disgusto porque el guardián trafica con tabaco, si divide su pan con el vecino, si conserva aun la suficiente dignidad para enfadarse por un insulto, si es lo bastante honrado para sublevarse por pequeñas intrigas, la cárcel será para él un infierno. Se verá abrumado de trabajo o le meterán a pudrirse en confinamiento solitario.
La más leve infracción de disciplina significará el castigo mas grave. Y todo castigo llevará a otro. Por la persecución le empujaran a la locura. Puede considerarse afortunado si no deja la cárcel en un ataúd.
8. Los carceleros.
Es fácil escribir en los periódicos que hay que vigilar estrechamente a los guardias de las cárceles, que deben elegirse entre hombres buenos. No hay nada más fácil que construir utopías administrativas. Pero el hombre seguirá siendo hombre, guardián o preso.
Y cuando se condena a estos guardianes a pasar el resto se sus vidas en situaciones falsas, sufren las consecuencias. Se vuelven irritables. Sólo en monasterios y conventos hay tal espíritu de mezquina intriga. En ninguna parte abundan tanto escándalos y chismorreos como entre los guardianes de las cárceles.
No se puede dar a un individuo autoridad sin corromperle. Abusará de ella. Y será menos escrupuloso y sentirá su autoridad más aun cuanto su esfera de acción sea mas limitada.
Obligado a vivir en terreno enemigo, el guardián no puede convertirse en un modelo de bondad. A la alianza de los presos se opone la de los carceleros. Es la institución la que les hace lo que son: sicarios ruines y mezquinos. Si pusiésemos a Pestalozzi en su lugar, pronto sería un carcelero.
Rápidamente, el rencor contra la sociedad penetra en el corazón del preso. Se habitúa a detestar a los que le oprimen. Divide el mundo en dos partes: una, aquella a la que pertenecen él y sus camaradas; la otra, el mundo exterior representado por los guardianes y sus superiores. Los presos forman una liga contra todos los que no llevan el uniforme de presidiario. Son sus enemigos y cuanto puedan hacer para engañarles es bueno.
Tan pronto como se ve en libertad, pone el preso en práctica su código. Antes de ir a la cárcel pudo cometer su delito involuntariamente. Ahora tiene una filosofía que puede resumirse en estas palabras de Zola: «Que sin vergüenzas son estos hombres honrados».
Si consideramos las distintas influencias de la cárcel sobre el preso nos convenceremos de que hacen al hombre cada vez menos apto para vivir en sociedad. Por otra parte, ninguna de estas influencias eleva las facultades intelectuales y morales del preso, ni le lleva a una concepción mas elevada de la vida. La cárcel no mejora al preso. Y además, hemos visto que no le impide cometer otros delitos. No logra, pues, ninguno de los fines que se propone.
9. ¿Cómo debemos tratar a los infractores?
Debemos de formular la siguiente pregunta: «¿Qué debería hacerse con los que violan las leyes?» No me refiero a las leyes escritas (son triste herencia de un triste pasado), si no a los principios morales grabados en los corazones de todos nosotros.
Hubo tiempos en que la medicina era el arte de administrar ciertas drogas, laboriosamente descubiertas con experimentos. Pero nuestra época ha enfocado el problema médico desde un nuevo ángulo. En vez de curar enfermedades, busca la medicina ahora ante todo impedirlas. La higiene es la mejor medicina de todas. Aun hemos de hacer lo mismo con este gran fenómeno social al que aun llamamos «delito», pero al que nuestros hijos llamarán «enfermedad social». Impedir la enfermedad será la mejor cura. Y esta conclusión se ha convertido ya en lema de toda una escuela de pensadores modernos dedicados al estudio del «delito».
En las obras publicadas por los innovadores están todos lo elementos necesarios para adoptar una actitud nueva hacia aquellos a quienes la sociedad, cobardemente, ha decapitado, ahorcado o encarcelado hasta ahora.
10. Causas del delito.
A tres grandes categorías de causas se deben esos actos antisociales llamados delitos. Son causas sociales, fisiológicas y físicas. Empezaré por las últimas. Son las menos conocidas, pero su influencia es indiscutible.
Causas físicas.
Si vemos que un amigo hecha al correo una carta olvidándose poner la dirección, decimos que es un accidente, que es algo imprevisto. Estos accidentes, estos acontecimientos inesperados, se producen en las sociedades humanas con la misma regularidad que los que pueden prevenirse. El número de cartas sin dirección que se envían por correo continúa siendo notable año tras año. Este número puede variar de un año tras otro, pero muy levemente. Aquí tenemos un factor tan caprichoso como la distracción. Sin embargo, este factor está sometido a leyes igual de rigurosas que las que gobiernan los movimientos de los planetas.
Y lo mismo sucede con el número de delitos que se cometen al año. Con las estadísticas de años anteriores en la mano, cualquiera puede predecir con antelación, con sorprendente exactitud, el número aproximado de asesinatos que se cometerán en el curso del año en cada país europeo.
La influencia de las causas físicas sobre nuestras acciones aun no ha sido, ni mucho menos, plenamente estudiada. Se sabe, sin embargo, que predominan los actos de violencia en el verano, mientras que en el invierno adquieren prioridad los actos contra la propiedad. Si examinamos los gráficos obtenidos por el profesor Enrico Ferri y observamos que el gráfico de actos de violencia sube y baja con el de temperatura, nos impresiona profundamente la similitud de los dos y comprendemos hasta que punto el hombre es una máquina. El hombre que tanto se afana de su voluntad libre, depende de la temperatura, los vientos y las lluvias tantos como cualquier otro organismo. ¿Quién pondrá en duda estas influencias? Cuando el tiempo es bueno y es buena la cosecha, y cuando los hombres se sienten a gusto, es mucho menos probable que de pequeñas disputas resulten puñaladas. Si el tiempo es malo y la cosecha pobre, los hombres se vuelven irritables y sus disputas adquieren carácter mas violento.
Causas fisiológicas.
Las causas fisiológicas, las que dependen de la estructura del cerebro, órganos digestivos y sistema nervioso, son sin duda más importantes que las causas físicas. La influencia de capacidades heredadas, así como de la estructura física sobre nuestros actos, han sido objeto de tan profunda investigación que podemos formarnos una idea bastante correcta de su importancia.
Cuando Cesare Lombroso afirma que la mayoría de los que habitan nuestras cárceles tienen algún defecto en su estructura cerebral, podemos aceptar tal afirmación siempre que comparemos los cerebros de los que mueren en prisión con los de quienes mueren fuera en condiciones de vida generalmente malas. Cuando demuestra que los asesinatos más brutales los cometen individuos que tienen algún defecto mental grave, aceptamos lo que dice si tal afirmación la confirman los hechos. Pero cuando Lombroso declara que la sociedad tiene derecho a tomar medidas contra los deficientes, no aceptamos seguirle. La sociedad no tiene derecho a exterminar al que tenga el cerebro enfermo. Admitimos que muchos de los que cometen estos actos atroces son casi idiotas. Pero no todos los idiotas se hacen asesinos.
En muchas familias, tanto en los manicomios, como en los palacios, hay idiotas con los mismos rasgos que Lombroso considera característicos del «loco criminal». La única diferencia entre ellos y los que van al patíbulo es el medio en que viven. Las enfermedades cerebrales pueden ciertamente estimular el desarrollo de las tendencias asesinas, pero no es algo inevitable. Todo depende de las circunstancias de quien sufra la enfermedad mental.
Toda persona inteligente podrá ver, por los datos acumulados, que la mayoría de los individuos a los que se trata hoy como delincuentes son hombres que padecen alguna enfermedad, y a quienes en consecuencia, es necesario curar lo mejor posible en vez de enviarlos a la cárcel, donde su enfermedad sólo puede agravarse.
Si nos sometiésemos todos a un riguroso análisis, veríamos que a veces pasan por nuestra mente, rápidos como centellas, los gérmenes de ideas que son los fundamentos de las malas acciones. Rechazamos estas ideas, pero si hubiesen hallado un eco favorable en nuestras circunstancias o si otros sentimientos, como el amor, la piedad o la fraternidad, no hubiesen contrarrestado estas chispas de pensamientos egoístas y brutales, habrían acabado llevándonos a una mala acción. En suma, las causas fisiológicas juegan un papel importante en arrastrar a los hombres a la cárcel, pero no son las causas de la «criminalidad» propiamente dicha. Estas afecciones de la mente, el sistema cerebro- espinal, etc., podemos verlas en estado incipiente en todos nosotros. La inmensa mayoría padecemos alguno de esos males. Pero no llevan a la persona a cometer un acto antisocial a menos que circunstancias externas les den una inclinación mórbida.
Causas sociales.
Si las causas físicas tienen tan vigorosa influencia en nuestras acciones, si nuestra fisiología es tan a menudo causa de los actos antisociales que cometemos, ¡cuanto más poderosas son las causas sociales! Las mentes más avanzadas e inteligentes de nuestra época proclaman que es la sociedad en su conjunto la responsable de los actos antisociales que se cometen en ella. Igual que participamos de la gloria de nuestros héroes y genios, compartimos los actos de nuestros asesinos.
Nosotros les hicimos lo que son, a unos y otros.
Año tras año crecen miles de niños en medio de la basura moral y material de nuestras grandes ciudades, entre una población desmoralizada por una vida mísera. Estos niños no conocen un verdadero hogar. Su casa es una choza mugrienta hoy y las calles mañana.
Crecen sin salida decente para sus jóvenes energías. Cuando vemos a la población infantil de las grandes ciudades crecer de ese modo, no podemos evitar asombrarnos de que tan pocos de ellos se conviertan en salteadores de caminos y en asesinos. Lo que me sorprende es la profundidad de los sentimientos sociales entre el género humano, la cálida fraternidad que se desarrolla hasta en los barrios peores. Sin ella, el número de los que declarasen guerra abierta a la sociedad sería aun mayor. Sin esta amistad, esta aversión a la violencia no quedaría en pie ninguno de nuestros suntuosos palacios urbanos.
Y al otro lado de la escala, ¿qué ve el niño que crece en las calles? Lujo, estúpido e insensato, tiendas elegantes, material de lectura dedicado a exhibir la riqueza, ese culto al dinero que crea la sed de riqueza, el deseo de vivir a expensas de otros. El lema es:
«Hazte rico. Destruye cuanto se interponga en tu camino y hazlo por cualquier medio, salvo los que puedan llevarte a la cárcel». Se desprecia hasta tal punto el trabajo manual, que nuestras clases dominantes prefieren dedicarse a la gimnasia que manejar la sierra o la azada. Una mano callosa se considera signo de inferioridad y un vestido de seda, de superioridad.
La sociedad misma crea diariamente estos individuos incapaces de llevar una vida de trabajo honesto y llenos de impulsos antisociales. Les glorifica cuando sus delitos se ven coronados del éxito financiero. Les envía a la cárcel cuando no tiene «éxito». No servirán ya de nada cárceles, verdugos y jueces cuando la revolución social haya cambiado por completo las relaciones entre capital y trabajo, cuando no haya ociosos, cuando todos puedan trabajar según su inclinación por el bien común, cuando se enseñé a todos los niños a trabajar con sus propias manos al mismo tiempo que su inteligencia y su espíritu, al ser cultivados adecuadamente, alcanzan un desarrollo normal.
El hombre es resultado del medio en que se cría y en que pasa su vida. Si se le acostumbra a trabajar desde la niñez, a considerarse parte del conjunto social, a comprender que no puede hacer daño a otros sin sentir al fin él mismo las consecuencias, habrá pocas infracciones de las leyes morales. Las dos terceras partes de los actos que hoy se condenan cómo delitos, son actos contra la propiedad.
Desaparecerán con la propiedad privada. En cuanto a los actos de violencia contra las personas, disminuyen ya proporcionalmente al aumento del sentido social y desaparecerán cuando ataquemos las causas en vez de los efectos.
11. ¿Cómo curar a los infractores?
Hasta hoy, las instituciones penales, tan caras a los abogados, han sido un compromiso entre la idea bíblica de venganza, la creencia medieval en el dominio, la idea del poder del terror de los abogados modernos y la de la prevención del crimen por medio del castigo.
No deben construirse manicomios para subsistir a las cárceles. Nada más lejos de mi pensamiento, que idea tan execrable. El manicomio es siempre cárcel. Lejos también de mi pensamiento esa idea, que los filántropos airean de cuando en cuando, de que debe ponerse la cárcel en manos de médicos y maestros. Lo que los presos no han hallado hoy en la sociedad es una mano auxiliadora, sencilla y amistosa, que les ayude desde la niñez a desarrollar las facultades superiores de su inteligencia y su espíritu; facultades estas cuyo desarrollo natural han obstaculizado o un defecto orgánico o las malas condiciones sociales a que somete la propia sociedad a millones de seres humanos. Pero si carecen de la posibilidad de elegir sus acciones, los individuos privados de su libertad no pueden ejercitar estas libertades superiores de la inteligencia y el corazón.
La cárcel de los médicos, el manicomio, sería mucho peor que nuestras cárceles presentes. Sólo dos correctivos pueden aplicarse a esas enfermedades del organismo humano que conducen al llamado delito: fraternidad humana y libertad. No hay duda de que en toda sociedad, por muy bien organizada que esté, aparecerán individuos que se dejen arrastrar fácilmente por las pasiones y que pueden cometer de cuando en cuando hechos antisociales.
Pero para impedir esto es necesario dar a sus pasiones una dirección sana, otra salida.
Vivimos hoy demasiado aislados. La propiedad privada nos ha llevado al individualismo egoísta en todas nuestras relaciones mutuas. Nos conocemos muy poco unos a otros; los puntos de contacto son demasiado escasos. Pero hemos visto en la historia ejemplos de vida comunal mucho más integrada: la «familia compuesta» en China, las comunas agrarias, por ejemplo.
Estas gentes si se conocen entre sí. Las circunstancias las fuerzan a ayudarse recíprocamente en un sentido material y moral. La vida familiar, basada en la comunidad primigenia, ha desaparecido. Ocupará su lugar una nueva familia, basada en la comunidad de aspiraciones. En esta familia, los individuos se verán forzados a conocerse mutuamente, a ayudarse entre sí y a apoyarse unos en otros moralmente en toda ocasión. Y esta colaboración mutua impedirá el gran número de actos antisociales que vemos hoy.
Se dirá, sin embargo, que habrá siempre algunos individuos, los enfermos, si queréis llamarles así, que serán un peligro para la sociedad. ¿No será necesario, pues, liberarnos de ellos, o impedir al menos que hagan daño a otros? Ninguna sociedad, por muy poco inteligente que sea, necesitará recurrir a una solución tan absurda, y ello tiene un motivo. Antiguamente se consideraba a los locos posesos de demonios y se les trataba en consecuencia.
Les mantenían presos en sitios como establos, encadenados a la pared como animales peligrosos. Luego Pinel, hombre de la gran revolución se atrevió a eliminar aquellas cadenas y probó a tratarles como hermanos. «Te devorarán», gritaron los guardianes. Pero Pinel no tuvo miedo. Aquellos a quienes se consideraba bestias salvajes se reunieron alrededor de Pinel y demostraron con su actitud que él tenía razón al creer en el mejor aspecto de la naturaleza humana, aun cuando la enfermedad nublase la inteligencia. Y ganó la causa. Se dejo de encadenar a los locos.
Luego, los campesinos del pueblecito belga de Gheel encontraron algo mejor. Dijeron:
«Mandadnos vuestros locos. Nosotros les daremos libertad total». Les adoptaron en sus familias, les dieron un sitio en sus mesas, oportunidad de cultivar con ellos sus campos y un puesto entre sus jóvenes en bailes y fiestas. «Comed, bebed y bailad con nosotros. Trabajad y corred por el campo y sed libres.» Este era el sistema, esta era toda la ciencia que sabían los campesinos belgas. (Hablo de los primeros tiempos. Hoy el tratamiento de los locos en Gheel se ha convertido en profesión y, siendo profesión y persiguiendo el lucro, ¿qué significado puede poseer?) Y la libertad obró un milagro. Los locos se curaron. Incluso los que tenían lesiones orgánicas incurables se convirtieron en miembros dóciles y tratables de la familia, como el resto. La mente enferma podía seguir trabajando de un modo anormal pero el corazón estaba en su sitio. Se proclamó el hecho como un milagro. Se atribuyeron estos notables cambios a la acción milagrosa de santos y vírgenes. Pero la virgen era la libertad y el santo, trabajo en el campo y trato fraternal. En uno de los extremos del inmenso «espacio que media entre enfermedad mental y delito» del que Maudsley habla, la libertad y el trato fraternal obraron su milagro.
También lo obrarán por el otro extremo.
12. Conclusión.
La cárcel no impide que se produzcan actos antisociales. Multiplica su número. No mejora a los que pasan tras sus muros. Por mucho que se reforme, las cárceles seguirán siendo siempre lugares de represión, medios artificiales, como los monasterios, que harán al preso cada vez menos apto para vivir en comunidad. No logran sus fines.
Degradan la sociedad. Deben desaparecer. Son supervivencia de barbarie mezclada con filantropía jesuítica.
El primer deber del revolucionario será abolir las cárceles: esos monumentos de la hipocresía humana y de la cobardía. No hay porque temer actos antisociales en un mundo de iguales, entre gente libre, con una educación sana y el hábito de la ayuda mutua. La mayoría de estos actos ya no tendrían razón de ser. Los restantes serían sofocados en origen.
En cuanto a aquellos individuos de malas tendencias que nos legará la sociedad actual tras la revolución, será tarea nuestra impedir que ejerciten tales tendencias. Esto se logrará ya muy eficazmente mediante la solidaridad de todos los miembros de la comunidad contra tales agresores. Si no lo lográsemos en todos los casos, el único correctivo práctico seguiría siendo tratamiento fraternal y apoyo moral.
No es esto una utopía. Se ha hecho ya con individuos aislados y se convertirá en práctica general. Y estos medios serán mucho más poderosos para proteger a la sociedad de actos antisociales que el sistema actual de castigo que es fuente constante de nuevos delitos.
(del autor del blog:Siguen siendo graves cuestiones y en la forma y manera en que se ha socializado e industializado e incluso hasta privatizado los sistemas petienciarios de nuestros días een casi todos los paises o naciones con gobiernos de los que históriccamentte conocemos como democráticos.De la solución que se de hoy depende,además de las vidas dde los presos y sus familias y, mucho más que entonces, toda la clase cuantiosa de empleados carceleros asalariados y managers del sistema para los que representa su modus vivendi y el de sus familares con lo que el enraizamiento social del problema lo hace mucho más imposible de resolver.
Etiquetas:
condena,
especie,
felicidad,
injusticia,
rejas
5/6/10
IDEAS BASICAS PARA UNA POLÍTICA CIENTIFICAMENTE FUNDAMENTADA.-
Tercera conversación(Georg Lukács-Wolfgang Abendroth)
ABENDROTH: Señor Lukacs,ayer nos explicó usted que en la evolución de la sociedad industrial moderna,correspondiete al capitalismo tardío,la diferencia esencial con respecto al período anterior radica en el hecho de que el problema crucial del antagonismo de las clases no es ya la plusvalía absoluta,sino la relativa..No necesito indicar ya las causas.Asímismo sacó usted en consecuencia que el problema de la lucha por el progreso se ha desplazado,en el sentido de convertirse en una lucha por el ocio libre,no manipulado,en el problema, en fin,,de la utilizabilidad de la jornada de trabajo reducida.Esto me parece muy convincente y acertado,a pesar de que en los países de capitalismo tardío todavía sigue desempeñando su papel el problema de la lucha por una elevación de salarios,pudiendo pasar al primer plano en los momentos de recesión.Pues bien,se plantean con ello una serie de problemas,los cuales no estoy ni siquera convencido que valoremos de modo diferente;de todas formas quizá debiéramos llegar a una formulación clara.Como usted sabe, la ciencia sociológica burguesa, que domina el terreno,y aun la neopositivista,sacan de la observación de los fenómenos externos de esta problemática la conclusión de que,en el fondo,el problema de la lucha de clases está liquidado y ha perdido actualidad,dado que para ellos la lucha de clases no fue más que una lucha por la plusvalía absoluta.Suponen así que, a resultas de ello,desaparece también la clase trabajadora,engrosada por varias capas-sobre todo los empleados-,como sujeto de la lucha por el progreso.¿Comparte usted la convicción?.
LUKACS:Ciertamente, no.En primer lugar creo que si se considera la situación de la clase trabajadora actual,el análisis objetivo nos demuestra que tal idea es totalmente errada.En la clase trabajadora del mundo entero se observa sin duda un retroceso de la conciencia.Tal retroceso de la conciencia,la decadencia del factor subjetivo,halla su más exacta expresión a escala mundial en la socialdemocracia;la cual no sólo se enfrenta,como en 1917, al socialismo,sino que se sitúa ahora por completo en el terreno de la democracia manipulada,hasta tal punto que resulta difícil hoy distinguir en Alemania el discurso de un socialdemócrata del de un miembro de la democracia cristiana.No se trata,pues,sólo de su enfrentamiento con el socialismo,sino del abandono de toda idea seria de democracia.Los problemas de una democratización social,esto es,verdadera,de una evolución hacia la democracia,apenas cuentan ya para el SPD(partido socialdemócrata alemán).Ello se advierte desde la legislación de excepción hasta los debates sobre la situación militar.Los problemas de la democracia verdadera,que algunos socialdemócratas defendieran con gran energía -recuerde usted por ejemplo la actitud adoptada por Jaurés en tiempos del proceso Dreyfus-,han desaparecido casi por completo.De cualquier manera está claro que con ello no ha cesado la lucha de clases económica;y tiene un interés sintomático el que,por lo general,los sindicatos,o parte de ellos se hallen a la izquierda del partido socialdemócrata,cosa que en los movimientos anterirores jamás había sucedido.Así,pues,la idea de que la clase obrera ha dejado de ser un vínculo de la lucha contra las formas capitalistas de la explotación es falsa.Se puede decir,a lo sumo,,que a este respecto hemos venido a parar a una especie de seno de ola de esta conciencia,pero estas situaciones siempre cambian.Al mismo tiempo,no hay duda de que,con el problema del ocio y su empleo,han pasado a primer término problemas totalmente nuevos.Las anterirores luchas por la libertad perseguían tan sólo la consecución de una jornada laboral que permitiese al trabajador una vida en cierto modo humana.Hoy se trata de algo muy diverso.A causa de la reducción de la jornada laboral se da efectivamente un margen que permitiría al tioempo libre tornarse en adtividad satisfactoria.Pero el capitalismo actual hace cuanto puede por impedir esto.Y no ya por razones ideológicas,sino sencillamente por el hecho de que la venta manipulada que se practica en la industria de bienes de consumo está necesariamente ligada a una ideología conformista del placer.A mi entender aquí se plantean problemas enteramente nuevos que no sólo surgen de modo inmediato de la estructura económica del mundo;antes bien,ponen de manifiesto la necesidad de la transición al socialismo y constituyen un factor cualitatívamente nuevo en la evolución.Fundamento de todo movimiento económico y social son siempre los asertos teleológicos individuales de los humanos,como primera providencia,el que se trate de asertos económicos, científicos o morales,se trata siempre de un aserto teleológico concebido como ideal,que sólo se hace verdaderamente aserto cuando se intenta convertirlo en praxis dentro de la realidad material.Ahora bien,como muy oportunamente señalaba Marx,la estructura general de cada sociedad concreta ha nacido a espaldas de los hombres.Ello significa que las formas de vida,ya sean las de la polis,las del feudalismo o las del capitalismo,le han sido dictadas al hombre a partir de la evolución económica.En sus asertos teleológicos,los hombres han reaccionado,pues,contra ello.En los planteamientos del empleo de los ratos de ocio que hoy se nos presenta vemos por primera vez formulado el problema de que la economía es incapaz de dictar el contenido de las aserciones teleológicas,las cuales han de decidir los hombres por sí solos.Voy a mencionar algunos ejemplos.Se está formando ahora una gran industria del disco,para difusión de la música,.Pues bien,al manipulador le importa un comino el que alguien compre música de Jazz o una sonata de Betthoven.El no manipulará en el sentido de que sólo se compre jazz,por que las estadísticas nos demuestran que también la música clásica produce best- sellers.En esta relación, pues,no se produce una manipulación dirigida hacia lo culturalmente peor.Son las personas quienes han de llegar a tomar decisiones relativamente autónomas.En el sentido amplio de la economía ello implica que el socialismo supone,con respecto a las sociedades clasistas precedentes,una ventaja,en el sentido de que el socialismo se presenta con la pretensión de someter toda la economía a asertos teleológicos,producto de la responsabilidad humana,y no ha de causar asombro el que,a las gentes,tras haberse acostumbrado durante siglos a una estructura diferente,les cueste trabajo pasar a esta nueva evolución;tanto más cuanto que existen formas de transición sumamente seductoras,las cuales son,desde un punto de vista económico,muy capaces de rendimiento..Mientras se mantenga la plusvalía absoluta,la explotación inmediatamente identificable será¬a excepción de las amenazas revolucionarias a que pueda estar sometida la sociedad capitalista¬principio dominante para los capitalistas o grupos capitalistas aislados.En el momento en que,a causa de la plusvalía relativa,el consumo masivo a llegado a constituír el problema central de la reproducción capitalista,surge dentro del capitalismo el interés por este consumo masivo,y con ello lo que podríamos llamar un interés inmediatamente existente del capital global por un nivel de vida relativamente alto para las masas.Yo no afirmo que ello haya de imponerese sin más.Pero si considera usted fenómenos como Roosevelt o,en menor medida,Kennedy,no cuesta trabajo establecer qué es lo que los diferencia de los otros.No sólo son representantes de determinados grupos capitalistas,sino que intentan imponer los intereses del capital global.Como es natural,ello ni está meditado a fondo teóricamente ni puesto en práctica de manera consecuente.Qería decir que,en todas estas cosas,en el aspecto de la relación del hombre individual con su base económica y con las consecuencias ideológicas de esta situación,nos hallamos ahora en una fase de transición.El marxismo, por culpa del largo período de dominación del estalinismo y asimismo a causa del retroceso que esta evolución determinó también sobre el mundo capitalista,no tiene aún capacidad para responder,con argumentos claros,de base científica,a todas las cuestiones planteadas por esta nueva fase.Los marxistas nos encontramos hoy ante la tarea de elaborar teóricamente estos nuevos problemas de la sociedad y de intentar extraer de este trabajo teórico nuevos puntos de referencia para tales respuestas.
ABENDROTH:¬Estoy de acuerdo.Pero me parece que en este proceso hemos de atender muy particularmente a un punto que hace notablemente difícil nuestra situación.Mientras el problema de la lucha de clases se centró casi por completo en la lucha clasista por la plusvalía absoluta,la identidad de los interes de la clase obrera con los intereses de la lucha contra el capitalismo y en pro de la reestructuración del capitalismo hacia una sociedad nueva estaba dado visiblemente para todo el mundo,como experiencia casi inmediata.Pues bien,en la nueva situación este carácter inmediato de la identidad no parece estar dado ya,con lo que la consecución de lka conciencia de clase resulta enormemente dificultada.La dificultad mayor radica en que la manipulación del tiempo libre,la industria de bienes de consumo,por ejemplo,en el terreno de la literatura,determina una reducción constante de las posibilidades intelectuales de la inmensa mayoría de la población.Lo cual se produce por el simple hecho de que el aumento de las rentas parece anunciar un aumento del beneficio,sin que sea necesaria una conciencia manipuladora inmediatamente política por parte de los managers del capitalismo tardío.El móvil del beneficio,que gobierna indefectinblemente a toda lsociedad capitalista,incluída la del capitalismo tardío,obliga una y otra vez a una adaptación al nivel intelectual más bajo posible,mas con ello también a la estabilización e incluso a la reducción subsiguiente del tal nivel..El periódico Bild Zeitung,editado por Springer,es un ejemplo típico.Así,pues,este nivel,el más bajo posible,se estabiliza;o mejor aún,se sigue rebajando sin cesar el nivel intelectual de las masas.La reflexión de que hay que construír la sociedad sobre nuevas bases tiene,como requisito previo,la autonomía cultural.No cabe duda de que el obrero de finales del siglo 19 y comienzos del 20 no estaba,por ejemplo,tan sometido como el de hoy a esta presión de la industria de bienes de consumo.Tenía,en consecuencia,pese a una formación escolar inferior, mayores oportunidades de pensar por su cuenta que el obrero de nuestros días.Así se dificulta la adquisición de una conciencia de clase.Mas los sindicatos deben conservar un rescoldo de mentalidad clasista si quieren subsistir.De ahí la necesidad de que comprendan de que la lucha sindical sólo es posible cuando es al mismo tiempo lucha cultural y cuando de vez en cuando se emprenda también la lucha política por la conservación de la libertad cultural.De ello deriva en todos los países capitalistas la nueva y peregrina tendencia consistente en que,por lo común, el movimiento sindical es más radical que aquellos partidos políticos que antes defendieron los intereses de los trabajadores,pero que entre tanto se han integrado en el sistema.Los partidos socialdemócratas se han degradado,en el ínterin,a la condición de instituciones que también aspiran a disponer de las masas en sentido manipulatorio y que administran politicamente el potencial de votos de las masas.También ellos intentan,al igual qe la industria de bienes de consumo,apelar a ese nivel medio lo más bajo posible y estabilizarlo así en interés de sus propias manipulaciones.Por esta razón,la degradación de los partidos socialdemócratas¬por ejemplo la que se aprecia en la socialdemocracia alemana¬se explica no ya por la traición constanmte e inmediata de sus dirigentes,sino sencillamente en virtud de la situación expuesta.El problema central es el saber cómo podremos desarollar una conciencia crítica en tan complicada situación.Pero dificilmente se logra claridad a través de la experiencia inmediata del obrero;es preciso acudir a especialistas del proceso mental,educados en el pensamiento abstracto.Lo cual origina,a su vez,un fenómeno nuevo muy singular.En los paises industrializados más avanzados alcanzan cada vez mayor transcendencia ciertos movimientos intelectuales independientes que,en su enfrentamiento crítico al poder estatal,crecientemente autoritario,y a la política imperialista y neocolonialista de su gobierno,pero sobre todo a la manipulación de la vida intelectual,intentan fomentar las tradiciones democráticas y humanitarias.En los Estados Unidos, esto se hace patente en la rebelión de los estudiantes y universitarios jóvenes,que han tomado partido a favor de los derechos cívicos de las gentes de color y contra la política vietnamita del gobierno.En la República Federal Alemana,país de estructura económica similar a los Estados Unidos,los estudiantes socialistas y ciertos escritores y profesores demócratas han asumido una función semejante.Mas es patente la falta de conexión con la única clase con potencialidad para cambiar realmente la situación,esto es,los trabajadores.Los intelectuales críticos sólo podrán conseguir algo cuando puedan volver a movilizar a esta clase,que abarca a la gran mayoría de la población,contra la poderosa combinación de los managers de la economía y del Estado.La resolución de este problema habra de demostrar si el llamado "mundo occidental" tiene o no un futuro humanitario..Mas,¿serán capaces los intelectuales críticos de solucionar el problema?.La clase obrera de los Estados unidos y la República Federal Alemana permanece en su mayoría en eun estado letárgico:su conciencia continúa siendo manipulada.Mientras no se produzcan un estancamiento o una recesión en la vida económica que resquebrajen el mito del bienestar social aparente,dificilmente surgiran indicios expontáneos de nuevas formas de lucha de clases y de forcejeo contra la manipulación intelectual y la inhumanidad.
ABENDROTH: Señor Lukacs,ayer nos explicó usted que en la evolución de la sociedad industrial moderna,correspondiete al capitalismo tardío,la diferencia esencial con respecto al período anterior radica en el hecho de que el problema crucial del antagonismo de las clases no es ya la plusvalía absoluta,sino la relativa..No necesito indicar ya las causas.Asímismo sacó usted en consecuencia que el problema de la lucha por el progreso se ha desplazado,en el sentido de convertirse en una lucha por el ocio libre,no manipulado,en el problema, en fin,,de la utilizabilidad de la jornada de trabajo reducida.Esto me parece muy convincente y acertado,a pesar de que en los países de capitalismo tardío todavía sigue desempeñando su papel el problema de la lucha por una elevación de salarios,pudiendo pasar al primer plano en los momentos de recesión.Pues bien,se plantean con ello una serie de problemas,los cuales no estoy ni siquera convencido que valoremos de modo diferente;de todas formas quizá debiéramos llegar a una formulación clara.Como usted sabe, la ciencia sociológica burguesa, que domina el terreno,y aun la neopositivista,sacan de la observación de los fenómenos externos de esta problemática la conclusión de que,en el fondo,el problema de la lucha de clases está liquidado y ha perdido actualidad,dado que para ellos la lucha de clases no fue más que una lucha por la plusvalía absoluta.Suponen así que, a resultas de ello,desaparece también la clase trabajadora,engrosada por varias capas-sobre todo los empleados-,como sujeto de la lucha por el progreso.¿Comparte usted la convicción?.
LUKACS:Ciertamente, no.En primer lugar creo que si se considera la situación de la clase trabajadora actual,el análisis objetivo nos demuestra que tal idea es totalmente errada.En la clase trabajadora del mundo entero se observa sin duda un retroceso de la conciencia.Tal retroceso de la conciencia,la decadencia del factor subjetivo,halla su más exacta expresión a escala mundial en la socialdemocracia;la cual no sólo se enfrenta,como en 1917, al socialismo,sino que se sitúa ahora por completo en el terreno de la democracia manipulada,hasta tal punto que resulta difícil hoy distinguir en Alemania el discurso de un socialdemócrata del de un miembro de la democracia cristiana.No se trata,pues,sólo de su enfrentamiento con el socialismo,sino del abandono de toda idea seria de democracia.Los problemas de una democratización social,esto es,verdadera,de una evolución hacia la democracia,apenas cuentan ya para el SPD(partido socialdemócrata alemán).Ello se advierte desde la legislación de excepción hasta los debates sobre la situación militar.Los problemas de la democracia verdadera,que algunos socialdemócratas defendieran con gran energía -recuerde usted por ejemplo la actitud adoptada por Jaurés en tiempos del proceso Dreyfus-,han desaparecido casi por completo.De cualquier manera está claro que con ello no ha cesado la lucha de clases económica;y tiene un interés sintomático el que,por lo general,los sindicatos,o parte de ellos se hallen a la izquierda del partido socialdemócrata,cosa que en los movimientos anterirores jamás había sucedido.Así,pues,la idea de que la clase obrera ha dejado de ser un vínculo de la lucha contra las formas capitalistas de la explotación es falsa.Se puede decir,a lo sumo,,que a este respecto hemos venido a parar a una especie de seno de ola de esta conciencia,pero estas situaciones siempre cambian.Al mismo tiempo,no hay duda de que,con el problema del ocio y su empleo,han pasado a primer término problemas totalmente nuevos.Las anterirores luchas por la libertad perseguían tan sólo la consecución de una jornada laboral que permitiese al trabajador una vida en cierto modo humana.Hoy se trata de algo muy diverso.A causa de la reducción de la jornada laboral se da efectivamente un margen que permitiría al tioempo libre tornarse en adtividad satisfactoria.Pero el capitalismo actual hace cuanto puede por impedir esto.Y no ya por razones ideológicas,sino sencillamente por el hecho de que la venta manipulada que se practica en la industria de bienes de consumo está necesariamente ligada a una ideología conformista del placer.A mi entender aquí se plantean problemas enteramente nuevos que no sólo surgen de modo inmediato de la estructura económica del mundo;antes bien,ponen de manifiesto la necesidad de la transición al socialismo y constituyen un factor cualitatívamente nuevo en la evolución.Fundamento de todo movimiento económico y social son siempre los asertos teleológicos individuales de los humanos,como primera providencia,el que se trate de asertos económicos, científicos o morales,se trata siempre de un aserto teleológico concebido como ideal,que sólo se hace verdaderamente aserto cuando se intenta convertirlo en praxis dentro de la realidad material.Ahora bien,como muy oportunamente señalaba Marx,la estructura general de cada sociedad concreta ha nacido a espaldas de los hombres.Ello significa que las formas de vida,ya sean las de la polis,las del feudalismo o las del capitalismo,le han sido dictadas al hombre a partir de la evolución económica.En sus asertos teleológicos,los hombres han reaccionado,pues,contra ello.En los planteamientos del empleo de los ratos de ocio que hoy se nos presenta vemos por primera vez formulado el problema de que la economía es incapaz de dictar el contenido de las aserciones teleológicas,las cuales han de decidir los hombres por sí solos.Voy a mencionar algunos ejemplos.Se está formando ahora una gran industria del disco,para difusión de la música,.Pues bien,al manipulador le importa un comino el que alguien compre música de Jazz o una sonata de Betthoven.El no manipulará en el sentido de que sólo se compre jazz,por que las estadísticas nos demuestran que también la música clásica produce best- sellers.En esta relación, pues,no se produce una manipulación dirigida hacia lo culturalmente peor.Son las personas quienes han de llegar a tomar decisiones relativamente autónomas.En el sentido amplio de la economía ello implica que el socialismo supone,con respecto a las sociedades clasistas precedentes,una ventaja,en el sentido de que el socialismo se presenta con la pretensión de someter toda la economía a asertos teleológicos,producto de la responsabilidad humana,y no ha de causar asombro el que,a las gentes,tras haberse acostumbrado durante siglos a una estructura diferente,les cueste trabajo pasar a esta nueva evolución;tanto más cuanto que existen formas de transición sumamente seductoras,las cuales son,desde un punto de vista económico,muy capaces de rendimiento..Mientras se mantenga la plusvalía absoluta,la explotación inmediatamente identificable será¬a excepción de las amenazas revolucionarias a que pueda estar sometida la sociedad capitalista¬principio dominante para los capitalistas o grupos capitalistas aislados.En el momento en que,a causa de la plusvalía relativa,el consumo masivo a llegado a constituír el problema central de la reproducción capitalista,surge dentro del capitalismo el interés por este consumo masivo,y con ello lo que podríamos llamar un interés inmediatamente existente del capital global por un nivel de vida relativamente alto para las masas.Yo no afirmo que ello haya de imponerese sin más.Pero si considera usted fenómenos como Roosevelt o,en menor medida,Kennedy,no cuesta trabajo establecer qué es lo que los diferencia de los otros.No sólo son representantes de determinados grupos capitalistas,sino que intentan imponer los intereses del capital global.Como es natural,ello ni está meditado a fondo teóricamente ni puesto en práctica de manera consecuente.Qería decir que,en todas estas cosas,en el aspecto de la relación del hombre individual con su base económica y con las consecuencias ideológicas de esta situación,nos hallamos ahora en una fase de transición.El marxismo, por culpa del largo período de dominación del estalinismo y asimismo a causa del retroceso que esta evolución determinó también sobre el mundo capitalista,no tiene aún capacidad para responder,con argumentos claros,de base científica,a todas las cuestiones planteadas por esta nueva fase.Los marxistas nos encontramos hoy ante la tarea de elaborar teóricamente estos nuevos problemas de la sociedad y de intentar extraer de este trabajo teórico nuevos puntos de referencia para tales respuestas.
ABENDROTH:¬Estoy de acuerdo.Pero me parece que en este proceso hemos de atender muy particularmente a un punto que hace notablemente difícil nuestra situación.Mientras el problema de la lucha de clases se centró casi por completo en la lucha clasista por la plusvalía absoluta,la identidad de los interes de la clase obrera con los intereses de la lucha contra el capitalismo y en pro de la reestructuración del capitalismo hacia una sociedad nueva estaba dado visiblemente para todo el mundo,como experiencia casi inmediata.Pues bien,en la nueva situación este carácter inmediato de la identidad no parece estar dado ya,con lo que la consecución de lka conciencia de clase resulta enormemente dificultada.La dificultad mayor radica en que la manipulación del tiempo libre,la industria de bienes de consumo,por ejemplo,en el terreno de la literatura,determina una reducción constante de las posibilidades intelectuales de la inmensa mayoría de la población.Lo cual se produce por el simple hecho de que el aumento de las rentas parece anunciar un aumento del beneficio,sin que sea necesaria una conciencia manipuladora inmediatamente política por parte de los managers del capitalismo tardío.El móvil del beneficio,que gobierna indefectinblemente a toda lsociedad capitalista,incluída la del capitalismo tardío,obliga una y otra vez a una adaptación al nivel intelectual más bajo posible,mas con ello también a la estabilización e incluso a la reducción subsiguiente del tal nivel..El periódico Bild Zeitung,editado por Springer,es un ejemplo típico.Así,pues,este nivel,el más bajo posible,se estabiliza;o mejor aún,se sigue rebajando sin cesar el nivel intelectual de las masas.La reflexión de que hay que construír la sociedad sobre nuevas bases tiene,como requisito previo,la autonomía cultural.No cabe duda de que el obrero de finales del siglo 19 y comienzos del 20 no estaba,por ejemplo,tan sometido como el de hoy a esta presión de la industria de bienes de consumo.Tenía,en consecuencia,pese a una formación escolar inferior, mayores oportunidades de pensar por su cuenta que el obrero de nuestros días.Así se dificulta la adquisición de una conciencia de clase.Mas los sindicatos deben conservar un rescoldo de mentalidad clasista si quieren subsistir.De ahí la necesidad de que comprendan de que la lucha sindical sólo es posible cuando es al mismo tiempo lucha cultural y cuando de vez en cuando se emprenda también la lucha política por la conservación de la libertad cultural.De ello deriva en todos los países capitalistas la nueva y peregrina tendencia consistente en que,por lo común, el movimiento sindical es más radical que aquellos partidos políticos que antes defendieron los intereses de los trabajadores,pero que entre tanto se han integrado en el sistema.Los partidos socialdemócratas se han degradado,en el ínterin,a la condición de instituciones que también aspiran a disponer de las masas en sentido manipulatorio y que administran politicamente el potencial de votos de las masas.También ellos intentan,al igual qe la industria de bienes de consumo,apelar a ese nivel medio lo más bajo posible y estabilizarlo así en interés de sus propias manipulaciones.Por esta razón,la degradación de los partidos socialdemócratas¬por ejemplo la que se aprecia en la socialdemocracia alemana¬se explica no ya por la traición constanmte e inmediata de sus dirigentes,sino sencillamente en virtud de la situación expuesta.El problema central es el saber cómo podremos desarollar una conciencia crítica en tan complicada situación.Pero dificilmente se logra claridad a través de la experiencia inmediata del obrero;es preciso acudir a especialistas del proceso mental,educados en el pensamiento abstracto.Lo cual origina,a su vez,un fenómeno nuevo muy singular.En los paises industrializados más avanzados alcanzan cada vez mayor transcendencia ciertos movimientos intelectuales independientes que,en su enfrentamiento crítico al poder estatal,crecientemente autoritario,y a la política imperialista y neocolonialista de su gobierno,pero sobre todo a la manipulación de la vida intelectual,intentan fomentar las tradiciones democráticas y humanitarias.En los Estados Unidos, esto se hace patente en la rebelión de los estudiantes y universitarios jóvenes,que han tomado partido a favor de los derechos cívicos de las gentes de color y contra la política vietnamita del gobierno.En la República Federal Alemana,país de estructura económica similar a los Estados Unidos,los estudiantes socialistas y ciertos escritores y profesores demócratas han asumido una función semejante.Mas es patente la falta de conexión con la única clase con potencialidad para cambiar realmente la situación,esto es,los trabajadores.Los intelectuales críticos sólo podrán conseguir algo cuando puedan volver a movilizar a esta clase,que abarca a la gran mayoría de la población,contra la poderosa combinación de los managers de la economía y del Estado.La resolución de este problema habra de demostrar si el llamado "mundo occidental" tiene o no un futuro humanitario..Mas,¿serán capaces los intelectuales críticos de solucionar el problema?.La clase obrera de los Estados unidos y la República Federal Alemana permanece en su mayoría en eun estado letárgico:su conciencia continúa siendo manipulada.Mientras no se produzcan un estancamiento o una recesión en la vida económica que resquebrajen el mito del bienestar social aparente,dificilmente surgiran indicios expontáneos de nuevas formas de lucha de clases y de forcejeo contra la manipulación intelectual y la inhumanidad.
Etiquetas:
clase,
conciencia,
economía,
Estado,
inhumanidad,
intelectuales,
manipulación,
obreros
24/5/10
EL CAMINO DEL GUERRERO.- Detener el diálogo interior
2) Detener el diálogo interior.-
Las cosas sólo son reales cuando aprendemos a aceptar su realidad.
El mundo,que no es más que una representación,se mantiene gracias al diálogo interior.Nos hanblamos a nosotros mismos incesantemente,manteniendo así nuestra representación,aquel que hemos aprendido:Para Don Juan, la realidad de nuestra vida cotidiana reside en una continua oleada de representaciones perceptivas que,los que compartimos una adhesión específica,hemos aprendido a hacer.
De este modo,el mundo no es más que una simple representación que se hace descripción porque pensamos a propósito de todo,y representación a la que miramos y vemos tal y como pensamos.La descripción recibida llega así a hacerse percepción en cuanto le prestamos atención ,y nuestra atención está siempre dirigida a ella.La atención es la llave de todas las cosas.El peñasco al que nos asimos es un peñasco por que hemos sido obligados a concederle nuestra atención en tanto que peñasco.
Así pues nuestra percepción siempre está en falta en relación al mundo inmediato.Es demasiado lenta,relativa y parcial.El peñasco es así y todos lo percibimos de la misma manera porque todos le prestamos el mismo tipo de atención,y esta atención depende de la descripción que se nos ha dado.
La memoria es, pues,evidentemente la otra llave de la percepción:no hacemos más que recordar,nuestras percepciones no son sino recuerdos y nuestra memoria es selectiva.Sólo prestamos atención a aquello que entra en la descripción aprendida--es decir,censuramos espontáneamente nuestras sensaciones--,descripción a la que ayudamos espontáneamente,y de la que no hay medio de escapar antes de abordar otra descripción.Y el papel de la razón obligarnos a interpretar el mundo de manera estrecha y selectiva:constituye pues,un molde con el que crearnos el universo.
El peñasco es así y todos lo percibimos de la misma manera porque todos le prestamos el mismo tipo de atención,y esta atención depende de la descripción que se nos ha dado.
O,dicho de otra manera,nosotros sólo somos percepción y,en último término,atención.Las cosas no son como las creemos sin porque nosotros las creemos como las pensamos.Nuestro apriorismo es fruto de nuestro servilismo en relación a la descripción dada(lo que demuestra involuntariamente aquello que dice Bonald de que todo cuanto el hombre sabe depende de lo que se le ha enseñado;Kant dice casi lo mismo cuando afirma que nuestro pensamiento,deductivo de las categorías a priori de la razón pura,no puede adecuarse a las cosas en sí).
El mundo se adecúa a la descripción que da nuestro pensamiento;dicho de otro modo,la fe nos hace defender nuestra representación y nos da un sentimiento erróneo de verdad:eso es lo que constituye nuestro hacer.
Ese peqñasco--dice Don juan--es peñasco a causa de nuestro hacer.El hacer es lo que convierte a esta roca en roca y en matorral a este matorral.De esta manera, el mundo es el mundo por que tú conoces el "hacer" necesario para convertirlo en tal.Sin este "hacer", nada nos sería familiar.Hacer implica una serie de elementos que permiten su funcionamiento.Si falta un elemento el hacer se derrumba.
Por eso en la sociedad,la razón y los hombres especializaos en la razón infalible se cuidan mucho de mantener todos los elementos en movimiento.Un fallo,y el "hacer",creador de la estructura,se hunde.
A esto,el hombre corriente lo denomina locura.Pero para el guerrero el hacer debe de ser metódicamente destruído,ya que su designio no es la locura ni la muerte.De este modo la razón no se debe proscribir en tanto que razón razonante,sino en tantoque atención exclusiva dirigida al mundo corriente;no debe destrozarse,sino desplazarse;su hegemonía debe cesar.
Todo el magisterio de los hechiceros ,dice Don juan,tiende a parar el mundo,es decir,a detener el diálogo interior."Parar el mundo" es una técnica gracias a la cual el mundo tal y como lo conocemos debe derrumbarse.
Parado el mundo, la representación parcial queda sin cauce;emerge entonces la totalidad,y la totalidad del mundo es aprehendida por la totalidad del ser;ahí es cuando el hechicero puede decir:yo soy todo esto.Lo más difícil de la actitud del Hechicero es darse cuenta de que el mundo no es más que una sensación.(Quizá la lógica de los santrántika esté prósima a esta enseñanza:no hay relación entre la sensación pura y el flujo mental sin origen.Para estos budistas no es una cuestión escolástica:se trata de favorecer la sensación pura que es la via del poder).Por eso, Don Juan no se preocupa de saber si Carlos Castaneda comprende intelectualmente o no.Deja saber a su cuerpo.
El hacer es, pues,un haz de sentimientos que se juntan.Y en el caso de la percepción corriente,de la construcción del mundo según las categorías aprendidas,se juntan siempre del mismo modo.La razón no hace más que reproducir un orden exterior del que nada sabe;unos sentimientos que no hace sino describir,y sus explicaciones son forzosamente inadecuadas,ya que la razón no tiene razón.La descripción se refleja a sí misma:Aunque el mundo no se adapte a nuestros pensamientos,lo adoptamos a pesar de todo.La razón refleja un orden del que nada sabemos,y el guerrero llega a saber que no hay nada que comprender,y el guerrero llega saber que no hay nada que comprender:las cosas llegan,eso es todo.Lo único que podemos hacer es describir.Incluso un filósofo podría convencerse,apercibiéndose,de que la causa primera no es más que un postulado,una ilusoria exigencia de su razón,un miserable juego de manos.
Los budistas Zen saben nbien que a la afirmación todo viene de Dios se debe contestar:Y de donde viene Dios?.Las cosas se apoyan unas sobre otras,no son correlativas:si una se derrumba,las demás la seguirán.
La razón no renuncia fácilmente a su control sobre las cosas:la explicación de qué importa qué es una de sus astucias para no perder su dominio.
El peñasco que es peñasco es,pues,hacer.Poco importa preguntarse si es peñasco en sí o sólo para nosotros:el mundo de los Hehiceros no es dualista.Se percibe así porque toda nuestra vida hemos aprendido a hacer el peñasco,y forma parte de nuestra percepción.Observar la sombra del peñasco,dice Don juan,es no hacer;hacer será considerar que las sombras sólo son sombras.
Hay--dice Don Juan--tanto más para cada cosa en el mundo,que también debe haber necesariamente más para las sombras.
Un hombre de conocimiento puede saber el más íntimo estado de un hombre observando sólo su sombra.El guerrero escoje contemplar los aspectos generalmente ignorados del mundo,aquellos que la razón ordena descuidar,porque ésta está dirigida a una utilidad que es un hacer.
De la misma manera,la razón se ocupa de la verdad,y el hombre corriente, ante la palabra verdad,cree.Si se trata de falsedad, no cree,y no se atreve a actuar.Por el contrario,el guerrero siempre actúa en ambos casos.Si las cosas se dicen verdaderas, actuará a la manera de hacer.Si las cosas se dicen falsas,también actuará,pero a la manera de "no hacer".La verdad es,pues,el mundo de la razón;la falsedad,el mundo de lo ultraracional.
Detener el mundo es,pues,dejar de hacer,es decir,de fabricarlo sin cesar hablándose a sí mismo,diciéndose siempre lo que son las cosas.Por consiguiente,será reducir a la nada el primado de la razón el referirse al cuerpo,al sentimiento,que dice lo que son las cosas mucho mejor que la razón;es,en definitiva, hacer derrumbarse las nociones de verdad como criterio supremo.Nada reposa en nada,y el guerrero adopta la actitud opuesta a la del hombre corriente:transforma el hacer en no hacer,l mundo limitado y mezquino en mundo incomensurable y misterioso.
Las cosas sólo son reales cuando aprendemos a aceptar su realidad.
El mundo,que no es más que una representación,se mantiene gracias al diálogo interior.Nos hanblamos a nosotros mismos incesantemente,manteniendo así nuestra representación,aquel que hemos aprendido:Para Don Juan, la realidad de nuestra vida cotidiana reside en una continua oleada de representaciones perceptivas que,los que compartimos una adhesión específica,hemos aprendido a hacer.
De este modo,el mundo no es más que una simple representación que se hace descripción porque pensamos a propósito de todo,y representación a la que miramos y vemos tal y como pensamos.La descripción recibida llega así a hacerse percepción en cuanto le prestamos atención ,y nuestra atención está siempre dirigida a ella.La atención es la llave de todas las cosas.El peñasco al que nos asimos es un peñasco por que hemos sido obligados a concederle nuestra atención en tanto que peñasco.
Así pues nuestra percepción siempre está en falta en relación al mundo inmediato.Es demasiado lenta,relativa y parcial.El peñasco es así y todos lo percibimos de la misma manera porque todos le prestamos el mismo tipo de atención,y esta atención depende de la descripción que se nos ha dado.
La memoria es, pues,evidentemente la otra llave de la percepción:no hacemos más que recordar,nuestras percepciones no son sino recuerdos y nuestra memoria es selectiva.Sólo prestamos atención a aquello que entra en la descripción aprendida--es decir,censuramos espontáneamente nuestras sensaciones--,descripción a la que ayudamos espontáneamente,y de la que no hay medio de escapar antes de abordar otra descripción.Y el papel de la razón obligarnos a interpretar el mundo de manera estrecha y selectiva:constituye pues,un molde con el que crearnos el universo.
El peñasco es así y todos lo percibimos de la misma manera porque todos le prestamos el mismo tipo de atención,y esta atención depende de la descripción que se nos ha dado.
O,dicho de otra manera,nosotros sólo somos percepción y,en último término,atención.Las cosas no son como las creemos sin porque nosotros las creemos como las pensamos.Nuestro apriorismo es fruto de nuestro servilismo en relación a la descripción dada(lo que demuestra involuntariamente aquello que dice Bonald de que todo cuanto el hombre sabe depende de lo que se le ha enseñado;Kant dice casi lo mismo cuando afirma que nuestro pensamiento,deductivo de las categorías a priori de la razón pura,no puede adecuarse a las cosas en sí).
El mundo se adecúa a la descripción que da nuestro pensamiento;dicho de otro modo,la fe nos hace defender nuestra representación y nos da un sentimiento erróneo de verdad:eso es lo que constituye nuestro hacer.
Ese peqñasco--dice Don juan--es peñasco a causa de nuestro hacer.El hacer es lo que convierte a esta roca en roca y en matorral a este matorral.De esta manera, el mundo es el mundo por que tú conoces el "hacer" necesario para convertirlo en tal.Sin este "hacer", nada nos sería familiar.Hacer implica una serie de elementos que permiten su funcionamiento.Si falta un elemento el hacer se derrumba.
Por eso en la sociedad,la razón y los hombres especializaos en la razón infalible se cuidan mucho de mantener todos los elementos en movimiento.Un fallo,y el "hacer",creador de la estructura,se hunde.
A esto,el hombre corriente lo denomina locura.Pero para el guerrero el hacer debe de ser metódicamente destruído,ya que su designio no es la locura ni la muerte.De este modo la razón no se debe proscribir en tanto que razón razonante,sino en tantoque atención exclusiva dirigida al mundo corriente;no debe destrozarse,sino desplazarse;su hegemonía debe cesar.
Todo el magisterio de los hechiceros ,dice Don juan,tiende a parar el mundo,es decir,a detener el diálogo interior."Parar el mundo" es una técnica gracias a la cual el mundo tal y como lo conocemos debe derrumbarse.
Parado el mundo, la representación parcial queda sin cauce;emerge entonces la totalidad,y la totalidad del mundo es aprehendida por la totalidad del ser;ahí es cuando el hechicero puede decir:yo soy todo esto.Lo más difícil de la actitud del Hechicero es darse cuenta de que el mundo no es más que una sensación.(Quizá la lógica de los santrántika esté prósima a esta enseñanza:no hay relación entre la sensación pura y el flujo mental sin origen.Para estos budistas no es una cuestión escolástica:se trata de favorecer la sensación pura que es la via del poder).Por eso, Don Juan no se preocupa de saber si Carlos Castaneda comprende intelectualmente o no.Deja saber a su cuerpo.
El hacer es, pues,un haz de sentimientos que se juntan.Y en el caso de la percepción corriente,de la construcción del mundo según las categorías aprendidas,se juntan siempre del mismo modo.La razón no hace más que reproducir un orden exterior del que nada sabe;unos sentimientos que no hace sino describir,y sus explicaciones son forzosamente inadecuadas,ya que la razón no tiene razón.La descripción se refleja a sí misma:Aunque el mundo no se adapte a nuestros pensamientos,lo adoptamos a pesar de todo.La razón refleja un orden del que nada sabemos,y el guerrero llega a saber que no hay nada que comprender,y el guerrero llega saber que no hay nada que comprender:las cosas llegan,eso es todo.Lo único que podemos hacer es describir.Incluso un filósofo podría convencerse,apercibiéndose,de que la causa primera no es más que un postulado,una ilusoria exigencia de su razón,un miserable juego de manos.
Los budistas Zen saben nbien que a la afirmación todo viene de Dios se debe contestar:Y de donde viene Dios?.Las cosas se apoyan unas sobre otras,no son correlativas:si una se derrumba,las demás la seguirán.
La razón no renuncia fácilmente a su control sobre las cosas:la explicación de qué importa qué es una de sus astucias para no perder su dominio.
El peñasco que es peñasco es,pues,hacer.Poco importa preguntarse si es peñasco en sí o sólo para nosotros:el mundo de los Hehiceros no es dualista.Se percibe así porque toda nuestra vida hemos aprendido a hacer el peñasco,y forma parte de nuestra percepción.Observar la sombra del peñasco,dice Don juan,es no hacer;hacer será considerar que las sombras sólo son sombras.
Hay--dice Don Juan--tanto más para cada cosa en el mundo,que también debe haber necesariamente más para las sombras.
Un hombre de conocimiento puede saber el más íntimo estado de un hombre observando sólo su sombra.El guerrero escoje contemplar los aspectos generalmente ignorados del mundo,aquellos que la razón ordena descuidar,porque ésta está dirigida a una utilidad que es un hacer.
De la misma manera,la razón se ocupa de la verdad,y el hombre corriente, ante la palabra verdad,cree.Si se trata de falsedad, no cree,y no se atreve a actuar.Por el contrario,el guerrero siempre actúa en ambos casos.Si las cosas se dicen verdaderas, actuará a la manera de hacer.Si las cosas se dicen falsas,también actuará,pero a la manera de "no hacer".La verdad es,pues,el mundo de la razón;la falsedad,el mundo de lo ultraracional.
Detener el mundo es,pues,dejar de hacer,es decir,de fabricarlo sin cesar hablándose a sí mismo,diciéndose siempre lo que son las cosas.Por consiguiente,será reducir a la nada el primado de la razón el referirse al cuerpo,al sentimiento,que dice lo que son las cosas mucho mejor que la razón;es,en definitiva, hacer derrumbarse las nociones de verdad como criterio supremo.Nada reposa en nada,y el guerrero adopta la actitud opuesta a la del hombre corriente:transforma el hacer en no hacer,l mundo limitado y mezquino en mundo incomensurable y misterioso.
Etiquetas:
dialogo interior,
percepción,
realidad,
representación
29/10/09
"no sólo no hay razón,sino que tampoco hay excusa"(Aldous Houxley).HABLANDO DE CONOCIMIENTOS CONOCIDOS Y POR CONOCER SIEMPRE ACTUALES , PASEN Y VEAN.- "Castaneda en toda su obra ,que no es razón,que no es fe,ni se reclama filosófico,suena a profanación,religiosa o laica." ,PASEN Y VEAN
EL CONOCIMIENTO (SILENCIOSO) EN LA PROPUESTA
"HOMBRE DE CONOCIMIENTO" DE CARLOS CASTANEDA*
J.Amando Robles Robles
RESUMEN
Frente a quienes reducen el conocimiento a la razón,a lo sumo,
también a la fe religiosa,el autor presenta otro tipo de conocimiento,que
no es razón ni fe,el conocimiento de los brujos como Juan Mathus,el co-
nocimiento silencioso,la meta más grande a la que el ser humano puede
aspirar y,por lo tanto,una propuesta.Esta es la misma que han hecho los
testigos y maestros de las grandes tradiciones religiosas y de sabiduría.
En este caso la propuesta ,además de laica es sabiamente sistémica y operacional y, como laica, sumamente actual. En todo caso, profúndamente indígena y latina. El trabajo de una visión panorámica de ella.
1.IMPORTANCIA DEL TEMA
Para quienes el conocimiento se reduce a un conocimiento de razón,ya sea este científico o filosófico,o también,en el caso de creyentes,a un conocimiento revelado o de fe,un tipo de conocimiento como es el que nos propone Carlos Castaneda en toda su obra ,que no es razón,que no es fe,ni se reclama filosófico,suena a profanación,religiosa o laica.
Sin embargo para los creyentes no debiera sonar de entrada a profanación si se acepta que el conocimiento del que nos habla Castaneda,aunque sea laico e inmanente,es el conocimiento más religioso,más espiritual,que el ser humano puede concebir y alcanzar como tal,y por ello algo a lo que pareciera se quiere aludir cuando se habla de fe,del conocimiento al que abre la fe.Por la misma razón tampoco debiera ser ajeno a la razón,más especialmente aún, a la razón filosófica.
No es una profanación sino,tal vez eso sí,una provocación,que sin embargo creemos importante y necesaria,y ello pese a puntos muy importantes que se pueden y deben discutir en relación con la personalidad,obra y contenidos de Castaneda.
Se puede discutir,y hay que discutir,desde su identidad personal hasta contenidos enteros,al menos en la formulación "energética"que les da en la segunda etapa,a partir del libro El segundo anillo de poder,segunda de las dos que reflejan el contenido de toda su obra.
Se pueden discutir métodos y prácticas que propone para alcanzar estados de conciencia no ordinaria de la realidad y moverse al interior de esta.Se puede discutir,y hay que hacerlo,la identidad de su principal informante y maestro,don Juan Mathus,y de sus compañeras y compañeros de formación como brujo o chamán.Pero no se puede discutir que Carlos Castaneda es culturalmente de los nuestros,es un latino;y que ,para decir no lo menos sino lomínimo,su propuesta tiene inconfundiblemente el color y el sabor generales de la cultura indígena de la que se reclama originaria,la de los pueblos amerindios del sur-oeste de los EEUU y del norte de Méjico.Ambos aspectos culturales,lo latino y lo indígena,,son muy importantes en el pensamiento y la teología latinoamericanos,tan inclinados todavía a desconocer riquezas culturales y humanas propias y a pensar que para encontrar riquezas parecidas hay que remontarse a las religiones y culturas orientales,como si en el continente americano y en las culturas indígenas nada de parecida embergadura se hubiera producidoPero hay algo todavía más importante,que venimos de afirmar y y cuya importancia,si aceptamos que realmente existe,no se puede discutir:el conocimiento del que nos habla D.Juan Matus y Castaneda es el fruto más granado de las culturas amerindias.Ningún otro producto se le puede comparar,pues se trsts del conocimiento silencioso o contemplativo,presente en las grandes tradicciones de sabiduría y religiosas,de su naturaleza y exigencias,de la necesidad para ello de,de ,de hacer y alcanzar el silencio total.Si esto es así, no se puede ignorar.La teología en general,pero con mayor urgencia la teología americana,no lo puede ignorar.Si en su tiempo(1945),cuando Aldous Houxley escribió su obra La filosofía perenne,consideraba que ""no sólo no hay razón,sino que tampoco hay excusa"" para que los eruditos occidentales ignoraran las doctrinas espirituales de Oriente,calificando el hecho de ""ignorancia enteramente deliberada y voluntaria""y,aún peor,de ""imperialismo teológico"", ¿cómo nos calificaría hoy a nosotros?.
Porque en este punto no solamente nos seguimos comportando como ""la mayor parte de los autores europeos y americanos de libros sobre religión y metafísica (que) escriben como si nadie hubiera pensado nunca sobre tales temas salvo los judíos,los griegos y los cristianos de la cuenca del Mediterráneo y la Europa occidental,sino que no hemos decubierto y valorado las riquezas de la misma naturaleza existentes en las tradiciones amerindias de sabiduría.""
Por todo ello me parece importante,y hasta necesario,dirigir nuestra mirada hacia el conocimiento que constituye la gran propuesta y enseñanza de Carlos Castaneda.
Pero existe un argumento más,el más importante de todos.Lo que Carlos Castaneda hace es,aunque él lo niega,y con razón,una propuesta de verdadera y aunténtica experiencia religiosa o de espiritualidad,aunque laica.Y hay razones muy fuertes para pensar que éste es el único tipo de propuesta religiosa culturalmente creíble en el mundo de hoy.Solamente por esta hipótesis merece la pena desde la religión y la teología conocer la propuesta de Carlos Castaneda.
este será el objeto de este artículo,subrayando en qué consiste el conocimiento al que se nos invita,la inteligencia tan certera y correcta de don Juan Matus tiene de la naturaleza y de la calidad de este tipo de conocimiento,todo ello antecedido de una mínima nota biográfica pensando que quizá sea necesaria.
"HOMBRE DE CONOCIMIENTO" DE CARLOS CASTANEDA*
J.Amando Robles Robles
RESUMEN
Frente a quienes reducen el conocimiento a la razón,a lo sumo,
también a la fe religiosa,el autor presenta otro tipo de conocimiento,que
no es razón ni fe,el conocimiento de los brujos como Juan Mathus,el co-
nocimiento silencioso,la meta más grande a la que el ser humano puede
aspirar y,por lo tanto,una propuesta.Esta es la misma que han hecho los
testigos y maestros de las grandes tradiciones religiosas y de sabiduría.
En este caso la propuesta ,además de laica es sabiamente sistémica y operacional y, como laica, sumamente actual. En todo caso, profúndamente indígena y latina. El trabajo de una visión panorámica de ella.
1.IMPORTANCIA DEL TEMA
Para quienes el conocimiento se reduce a un conocimiento de razón,ya sea este científico o filosófico,o también,en el caso de creyentes,a un conocimiento revelado o de fe,un tipo de conocimiento como es el que nos propone Carlos Castaneda en toda su obra ,que no es razón,que no es fe,ni se reclama filosófico,suena a profanación,religiosa o laica.
Sin embargo para los creyentes no debiera sonar de entrada a profanación si se acepta que el conocimiento del que nos habla Castaneda,aunque sea laico e inmanente,es el conocimiento más religioso,más espiritual,que el ser humano puede concebir y alcanzar como tal,y por ello algo a lo que pareciera se quiere aludir cuando se habla de fe,del conocimiento al que abre la fe.Por la misma razón tampoco debiera ser ajeno a la razón,más especialmente aún, a la razón filosófica.
No es una profanación sino,tal vez eso sí,una provocación,que sin embargo creemos importante y necesaria,y ello pese a puntos muy importantes que se pueden y deben discutir en relación con la personalidad,obra y contenidos de Castaneda.
Se puede discutir,y hay que discutir,desde su identidad personal hasta contenidos enteros,al menos en la formulación "energética"que les da en la segunda etapa,a partir del libro El segundo anillo de poder,segunda de las dos que reflejan el contenido de toda su obra.
Se pueden discutir métodos y prácticas que propone para alcanzar estados de conciencia no ordinaria de la realidad y moverse al interior de esta.Se puede discutir,y hay que hacerlo,la identidad de su principal informante y maestro,don Juan Mathus,y de sus compañeras y compañeros de formación como brujo o chamán.Pero no se puede discutir que Carlos Castaneda es culturalmente de los nuestros,es un latino;y que ,para decir no lo menos sino lomínimo,su propuesta tiene inconfundiblemente el color y el sabor generales de la cultura indígena de la que se reclama originaria,la de los pueblos amerindios del sur-oeste de los EEUU y del norte de Méjico.Ambos aspectos culturales,lo latino y lo indígena,,son muy importantes en el pensamiento y la teología latinoamericanos,tan inclinados todavía a desconocer riquezas culturales y humanas propias y a pensar que para encontrar riquezas parecidas hay que remontarse a las religiones y culturas orientales,como si en el continente americano y en las culturas indígenas nada de parecida embergadura se hubiera producidoPero hay algo todavía más importante,que venimos de afirmar y y cuya importancia,si aceptamos que realmente existe,no se puede discutir:el conocimiento del que nos habla D.Juan Matus y Castaneda es el fruto más granado de las culturas amerindias.Ningún otro producto se le puede comparar,pues se trsts del conocimiento silencioso o contemplativo,presente en las grandes tradicciones de sabiduría y religiosas,de su naturaleza y exigencias,de la necesidad para ello de
Porque en este punto no solamente nos seguimos comportando como ""la mayor parte de los autores europeos y americanos de libros sobre religión y metafísica (que) escriben como si nadie hubiera pensado nunca sobre tales temas salvo los judíos,los griegos y los cristianos de la cuenca del Mediterráneo y la Europa occidental
Por todo ello me parece importante,y hasta necesario,dirigir nuestra mirada hacia el conocimiento que constituye la gran propuesta y enseñanza de Carlos Castaneda.
Pero existe un argumento más,el más importante de todos.Lo que Carlos Castaneda hace es,aunque él lo niega,y con razón,una propuesta de verdadera y aunténtica experiencia religiosa o de espiritualidad,aunque laica.Y hay razones muy fuertes para pensar que éste es el único tipo de propuesta religiosa culturalmente creíble en el mundo de hoy.Solamente por esta hipótesis merece la pena desde la religión y la teología conocer la propuesta de Carlos Castaneda.
Etiquetas:
argumentos,
desquicio,
estudia,
ética,
experiencia,
hombres,
ontológico,
resistencia,
supervivencia,
tirarano
30/8/09
si me muero......
No soy de un pueblo de bueyes,que soy de un pueblo que embarga yacimientos de leones y desfiladeros de águilas.Nunca medraron los bueyes en los páramos de España.
Cuando llueve y reviso mis papeles,
y acabo tirando todo al fuego: poemas incompletos,
pagarés no pagados, cartas de amigos muertos,
fotografías, besos guardados en un libro,
renuncio al peso muerto de mi terco pasado,
soy fúlgido,engrandezco justo en cuanto me niego,
y así atizo las llamas, y salto la fogata,
y apenas si comprendo lo que al hacerlo siento,
¿no es la felicidad lo que me exalta? (G.Celaya)
CANTANDO ME HE DE MORIR,CANTANDO ME HAN DE ENTERRAR,DESDE EL VIENTRE DE MI MADRE VINE A ESTE MUNDO A CANTAR.
Si me muero que me entierren con la cabeza muy alta,la boca contra la grama y decidida la barba,que hay ruiseñores que cantan encima de los fusiles y en medio de las batallas.(M.H.)
Cuando llueve y reviso mis papeles,
y acabo tirando todo al fuego: poemas incompletos,
pagarés no pagados, cartas de amigos muertos,
fotografías, besos guardados en un libro,
renuncio al peso muerto de mi terco pasado,
soy fúlgido,engrandezco justo en cuanto me niego,
y así atizo las llamas, y salto la fogata,
y apenas si comprendo lo que al hacerlo siento,
¿no es la felicidad lo que me exalta? (G.Celaya)
CANTANDO ME HE DE MORIR,CANTANDO ME HAN DE ENTERRAR,DESDE EL VIENTRE DE MI MADRE VINE A ESTE MUNDO A CANTAR.
Si me muero que me entierren con la cabeza muy alta,la boca contra la grama y decidida la barba,que hay ruiseñores que cantan encima de los fusiles y en medio de las batallas.(M.H.)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)